¿Y ahora qué?

En breve iniciaremos una ‘nueva normalidad’ en la que todavía hay incertidumbre sobre lo que supondrá en nuestra vida. Adaptarnos a las medidas de seguridad, vivir con miedo el contacto social, la preocupación por nuestros familiares y amigos, asumir las pérdidas en una situación terrible, una situación económica incierta… Puede subir nuestro nivel de miedo ante el futuro y generarnos ansiedad. También es posible que nuestro estado de ánimo decaiga, nos sintamos más tristes y desesperanzados o todavía necesitemos digerir el shock.

Han sido unos meses que nos han pedido un extra de paciencia y capacidad de adaptación, y puede haber abierto heridas en nuestras relaciones o en nuestros proyectos.

salir covid19¿Necesitas reorganizar tu mente? ¿Necesitas plantearte el futuro de tus relaciones personales o laborales? ¿No sabes muy bien cómo encarar el futuro? Si crees que has entrado en una duda más o menos profunda, es un buen momento para consultar. Intentaremos buscar una manera de que puedas sentirte mejor y acompañar este momento.

 

El servicio de visitas online se mantiene de la misma manera que se ha realizado durante el estado de alarma y confinamiento, con las mismas facilidades. Puede ser una buena opción para conciliar horarios personales, familiares y laborales y reducir desplazamientos.

Si te interesa la terapia presencial, he retomado las visitas en franjas reducidas. Ponte en contacto para pedir tu cita con suficiente antelación.

“La mejor forma de predecir tu futuro es construyéndolo”

Ser una persona normal

La palabra ‘normal’ se usa como si fuera un término realmente universal y no hubiera duda de que, al usarlo, todo el mundo sin excepción supiera a qué se refiere exactamente. Y hay tantos tipos de normalidad como personas. Lo que pasa es que la mayoría finge delante de los demás que no es raro, excéntrico o diferente ¿Por qué? ¿Por qué nos preocupa tanto no destacar? Tenemos que ser y hacer lo que todo el mundo hace, y que todo el mundo se entere de que es así (recuerda publicarlo en redes sociales) no sea que piensen que no eres normal.

Primero me gustaría dejar claro que, a pesar de lo que se pueda pensar, normal únicamente significa que pertenece a una parte de la distribución estadística dónde se acumulan datos – vamos, donde se sitúa la mayoría. Pero bajo ningún concepto eso es un juicio de valor, no significa ni bueno ni malo, sólo lo que es costumbre. Que mucha gente tema salirse de la línea se debe a que desde pequeños muchas veces nos vemos señalados por no hacer lo que las normas nos dicen: ‘Los caballos no son rojos y verdes, vuélvelo a pintar’, ‘el uniforme no es reversible, hay una forma de llevarlo’, ‘los errores se señalan en rojo, los aciertos en verde’, ‘el tema libre son las vacaciones’, etc. Condicionados desde el nacimiento, marcados con un bolígrafo rojo desde la cuna. Cuando nos salimos de línea hay miedo, podemos cometer un error y que todos nos señalen. Pero sólo las personas que se salen de la línea hacen algo un poco productivo por la humanidad o al menos lo intentan. Innovan, buscan otras posibilidades, procuran encontrar respuestas.

ser normal

Por desgracia, los acontecimientos de la actualidad nos demuestran lo poco que hemos cambiado en los últimos diez mil años para seguir actuando como es normal y sentirnos a salvo del dedo señalador. No te engañes, la norma es opcional, es una guía. Como adulto puedes decidir seguirla o no (los niños no tienen esa suerte…) Además, hay una gran noticia: al nacer, ya eres especial ¡no hay que hacer nada! A nadie le gusta ser un robot en el montón. Tú unicidad te define, no tienes nada de qué avergonzarte.

A propósito de este tema, te dejo el vídeo de la entrevista a la directora de una película de humor con un mensaje directo y muy tierno. “Requisitos para ser una persona normal” de Leticia Dolera.

El fracaso también es necesario

A menudo nos intentan convencer de que ‘querer es poder’. Hoy en día es un mensaje presentado de forma directa o más subliminal en muchos ámbitos del márketing. Pero hemos de ser sinceros: no es cierto.  O por lo menos no en todos los casos. Nos fuerzan a no rendirnos, seguir siempre adelante hipermotivados y no dar importancia a los sentimientos negativos. Como decimos siempre, todos los sentimientos son importantes y necesarios, la frustración también. Cuando algo no ha podido ser  o no ha salido como esperábamos tenemos rabia y tristeza, podemos sentir desánimo. Es parte esencial de la vida. Ante la decepción, lo más sano no es ignorarlo y seguir adelante, sino pararse y respirar. Intentar consolarse, reflexionar y buscar dónde pueden haber estado los errores.

frustracion

A veces las cosas que no pueden ser nos enseñan importantes lecciones sobre nosotros mismos. Tener demasiado miedo y no atreverse a emprender un proyecto de vida daña la autoestima, pero no aceptar las propias limitaciones también lo hace. Creer en uno mismo no supone tener que pensar que somos invencibles (lo contrario sería ser un fracaso ¿no?) es encontrar el equilibrio de lo que somos y lo que no somos.

La aceptación auténtica de uno mismo no es intentar estar ‘arriba’ siempre para demostrarnos (o quizá demostrar a los demás) que podemos con todo, sino encontrar lo que realmente nos llena e intentar hacerlo lo mejor que podamos. Lo que podamos de verdad, sin ponernos en riesgo y sabiendo donde está nuestro límite.

Disfruta de las alegrías sin miedo

La alegría, aunque es la más positiva de las emociones, puede resultar la más complicada. Normalmente pensamos que no depende de nosotros sino que es algo que sucede de forma casual o caprichosa. A veces puede darnos un poco de miedo porque pensamos perderla si la compartimos. Parece que muchas veces debemos mantenernos pesimistas para evitar que se nos escape, como un ritual supersticioso.

Aunque nos parezca injusto que nos pasen cosas ‘malas’ y a veces nos dé la sensación de que estamos en una montaña rusa, no podemos tener una vida con aprendizaje y sentido sin un equilibrio entre alegrías y penas. El balance de ambas cosas es el camino necesario para realizarse.

distruta la alegria

Toda experiencia de ganancia supone una alegría para nuestro sistema emocional y debemos disfrutar de todos nuestros logros, incluso de los que nos parecen insignificantes. La alegría, al contrario de la tristeza o la rabia, no disminuye al compartirla sino que se multiplica. No hay alegría más triste que la aquella que no se puede compartir. Ser capaz de encontrar lo problemático es una gran virtud, pero saber valorar las cosas buenas de la vida no es menos importante. Ser verdaderamente consciente de ello es la llave de la felicidad:

LAS LLAVES DE LA FELICIDAD

En una oscura y oculta dimensión del Universo se encontraban reunidos todos los grandes dioses de la antigüedad dispuestos a gastarle una gran broma al ser humano. En realidad, era la broma más importante de la vida sobre la Tierra.

Para llevar a cabo la gran broma, determinaron cuál sería el lugar que a los seres humanos les costaría más llegar. Una vez averiguado, depositarían allí las llaves de la felicidad.

-Las esconderemos en las profundidades de los océanos -decía uno de ellos-.

-Ni hablar -advirtió otro-. El ser humano avanzará en sus ingenios científicos y será capaz de encontrarlas sin problema.

-Podríamos esconderlas en el más profundo de los volcanes -dijo otro de los presentes-.

-No -replicó otro-. Igual que sería capaz de dominar las aguas, también sería capaz de dominar el fuego y las montañas.

– ¿Y por qué no bajo las rocas más profundas y sólidas de la tierra? -dijo otro-.

-De ninguna manera -replicó un compañero-. No pasarán unos cuantos miles de años que el hombre podrá sondear los subsuelos y extraer todas las piedras y metales preciosos que desee.

– ¡Ya lo tengo! -dijo uno que hasta entonces no había dicho nada-. Esconderemos las llaves en las nubes más altas del cielo.

-Tonterías -replicó otro de los presentes-. Todos sabemos que los humanos no tardarán mucho en volar. Al poco tiempo encontrarían las llaves de la felicidad.

Un gran silencio se hizo en aquella reunión de dioses. Uno de los que destacaba por ser el más ingenioso, dijo con alegría y solemnidad:

-Esconderemos las llaves de la felicidad en un lugar en que el hombre, por más que busque, tardará mucho, mucho tiempo de suponer o imaginar…

– ¿Dónde?, ¿dónde?, ¿dónde? -preguntaban con insistencia y ansiosa curiosidad los que conocían la brillantez y lucidez de aquel dios-.

-El lugar del Universo que el hombre tardará más en mirar y en consecuencia tardará más en encontrar: en el interior de su corazón.

Todos estuvieron de acuerdo. Concluyó la reunión de dioses. Las llaves de la felicidad se esconderían dentro del corazón de cada hombre.

‘La vida de Calabacín’ – Gestionar el ‘abandono’

El miedo al abandono es un hándicap para muchas personas a la hora de tener una relación sana. Aferrarse con angustia a otra persona es el síntoma principal, aunque esa persona ya no nos quiera o no nos aporte, incluso nos maltrate, no podemos considerar que se vaya de nuestra vida. Muchas personas no saben cuál es el motivo por el que viven sus relaciones personales con ansiedad ante la separación, ya sea temporal o definitiva. En muchos casos, se debe a dificultades en el apego en la infancia. El apego es un instinto básico de supervivencia que nos liga a otros seres humanos. Nuestros padres son en esencia los responsables de ayudarnos a gestionarlo y a interpretar las emociones que genera, pero nuestras experiencias vitales también marcan como viviremos nuestros sentimientos.

Miedo al abandono

Relacionado con este tema, hoy quiero hablaros de la película ‘La vida de Calabacín’. Con este nombre en apariencia tan inocente, la historia sobre una casa de acogida para niños con problemas familiares se cuela con mucho tacto en el corazón. Habla de cómo afrontar la soledad en todas sus crudas versiones. Lo que más me ha gustado de esta película es la manera directa y sin adornos de representar una realidad tan dura y sin embargo no recrearse en lo más oscuro. La vivencia del abandono de cada uno de los niños, sus estrategias de supervivencia que se activan desde tan pequeños, genera una conmovedora reflexión.

Una increíble manera de presentar la orfandad, una película tierna pero a la vez muy adulta sobre la exclusión y el abandono.  Es muy recomendable verla y dejarse contagiar por su ternura infantil y su sencillez narrativa. Así son las cosas, nada más.

Ser valiente es lo que cuesta…

Ser valiente no es no tener miedo. Es lanzarse, es atreverse. Es ver el miedo y reconocerlo. Saber su nombre, conocer su cara. Haberle tenido presente de día y también de noche sabiendo que no se va a ir a ninguna parte, hagas lo que hagas, digas lo que digas.

Ser valiente es gritar más alto, cerrar los ojos y sentir el vacío, entrar en contacto con la incerteza. Sentir que puedes morirte en ese justo instante, pero sobrevivir, como tantas otras veces.

Unsplash (88)

Ser valiente es dar un salto, saber que hay vacío habiendo calibrado la cantidad de agua, sabiendo que no hay nada que pueda llenar el aire que te separa del otro lado. Es rezar todo lo que te sabes y seguir pensando que te mueres.

Ser cobarde es creer que puedes vivir con ese miedo, que la certeza al otro lado está sobrevalorada, que algún día dejarás de tener miedo y entonces, sólo entonces, será el momento. Porque antes no se puede hacer nada al respecto más que tener miedo. Como si eso fuera el motivo, tener miedo. El miedo nunca es el motivo. El miedo es la excusa que nos separa de lo que queremos.

Si no quieres saltar, no saltes. Si es lo que quieres abrázate con tu miedo, duerme con él todas las noches, deja que maneje tu tiempo. Si realmente lo tienes claro, siéntalo a tu mesa y que viva de tus frustraciones. Y sigue diciéndote con certeza ‘es que tengo miedo’ como si fuera un hechizo contra la tristeza, esa que también es tuya pero que no dejas que pase de la puerta. Pero no intentes convencerme de que ese es tu motivo, mejor te espero al otro lado de la puerta.

¿Y si no me funciona la terapia?

¿Por qué a veces no conseguimos la deseada ‘cura’? A menudo intentamos hacer terapia para solucionar un problema y pensamos que no está funcionando como debería o no nos está ayudando en la medida que nos gustaría.

Cada terapia es diferente, por lo que analizar los motivos pude no amoldarse a todos los casos. Pero sí sabemos que muchas veces las personas creen que será sencillo y no tendrán que esforzarse, o tienen limitados los recursos que piensan usar y pueden resistirse al cambio. En algunos casos, puede que el diagnóstico no esté ajustado. El caso es que sabemos que algunas personas abandonan el tratamiento sin obtener mejorías que les resulten suficientes.

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Antes de abandonar la idea de hacer terapia, hay algunos puntos que vale la pena considerar sobre el proceso que hemos vivido y quizá pensar en buscar otro profesional.

– Adecuados recursos psicológicos: ¿sientes que has entrenado aquellas partes de ti que necesitaba el tratamiento? Puede que la ‘solución’ aportada sea correcta, pero necesitemos que el terapeuta nos ayude a buscar el puente entre lo que nos convendría hacer y lo que sabemos hacer. Podemos hacérselo explícito – quiero pero no sé.

– Implicación y esfuerzo del paciente: la psicología no es una terapia pasiva, con la implicación del terapeuta y su trabajo no es suficiente ¿Nos podemos plantear si hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos? ¿Hemos seguido el hilo de lo que el terapeuta nos ha ido aconsejando? Puede que las sugerencias requieran de tiempo y de replantearse ideas largamente arraigadas ¿Tenemos motivación suficiente para cambiar?

– Entorno favorecedor del problema: si estamos rodeados de personas que mantienen nuestras conductas problema (por ejemplo beber alcohol en exceso) o nuestras ideas (por ejemplo ‘la vida es dura y no se puede hacer nada’) quizá nos resulte mucho más difícil implicarnos en nuestro proceso y cambiar.

– Falta de feeling en la relación terapéutica: puede no ser un problema del profesional ni del paciente, a veces la comunicación no fluye o hay falta de entendimiento. Puede que como paciente no desarrollemos la confianza necesaria para hacer un buen proceso.

¿Has sentido algunas de estas cosas? Merece la pena que lo consideres y pruebes con otro profesional. Hay diversos tipos de terapia y de terapeutas, puedes encontrar alguna que se ajuste mejor a ti.

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Aquí las cosas siempre se han hecho así

En un experimento se metieron cinco monos en una habitación. En el centro ubicaron una escalera, y en lo alto unos plátanos. Cuando uno de los monos subía por la escalera para coger un plátano, los experimentadores rociaban al resto de monos con un chorro de agua fría. Al cabo de un tiempo, los monos asimilaron la conexión entre el uso de la escalera y el chorro de agua fría, de modo que cuando uno de ellos se subía en busca de un plátano, el resto de monos le golpeaban con saña. Al final, e incluso teniendo los plátanos, ningún mono se atrevía a subir por la escalera.

En ese momento, los experimentadores extrajeron uno de los cinco monos iniciales e introdujeron uno nuevo en el grupo. Lógicamente el mono nuevo trepó por la escalera en busca de los plátanos. En cuanto los demás observaron sus intenciones, se abalanzaron sobre él y lo bajaron a golpes antes de que el chorro de agua fría cayera sobre ellos. Después de repetirse la experiencia varias veces, al final el nuevo mono comprendió que era mejor para su seguridad renunciar a los plátanos.

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Los experimentadores sustituyeron otra vez a uno de los monos del grupo inicial. El primer mono sustituido participó con entusiasmo en las palizas al nuevo mono trepador. Posteriormente se repitió el proceso con el tercer, cuarto y quinto mono, hasta que llegó un momento en que todos los monos del experimento inicial habían sido sustituidos.

En ese momento, los experimentadores se encontraron con algo sorprendente. Ninguno de los monos que había en la habitación había recibido nunca el chorro de agua fría. Sin embargo, ninguno se atrevía a trepar para hacerse con los plátanos. Si hubieran podido preguntar a los primates por qué no subían para alcanzar el alimento, probablemente la respuesta hubiera sido esta: “No lo sé. Esto siempre ha sido así”.

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Muchas veces no logramos encontrar la solución o el camino adecuado para nosotros porque nos limitamos en las opciones por lo que otros dicen. Cuando nos ‘educan’ nos transmiten una serie de limitaciones que muchas veces no pasan por la lógica ni por la razón. Sólo por el miedo que otros tuvieron por algo que intentaron y no les salió bien. Ahí se genera una resistencia al cambio que limita y frustra sin un motivo objetivo, real. Pero ahora es otro momento, eres otra persona y tienes otros recursos ¿te vas a conformar porque siempre se ha hecho así?

Todo está en tu cabeza

Sé que es una frase que de entrada puede parecer chocante por negativa, pero hoy quiero defender a todas aquellas personas que no pueden defender su malestar con una prueba médica diagnóstica. Hace unos días aparecía en páginas de información la noticia de que finalmente intentarán implantar la figura del psicólogo clínico en la atención primaria.

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Nunca es tarde si la dicha es buena. Parece ser que se han dado cuenta de que no tratar a personas que padecen dolencias psicológicas supone un sobrecoste a la sanidad pública. Hemos de tener en cuenta que somos uno de los países de la UE que más psicofármacos consume, con todo lo que eso implica.

En ningún momento quiero decir que los psicofármacos no sean seguros y eficaces para el tratamiento de las dolencias psicológicas, pero a menudo no son una solución profunda y duradera. Pueden aliviar síntomas y mejorar el funcionamiento cerebral, ser un alivio. Pero si no trabajamos nuestra mente, que va más allá del cerebro, no podremos eliminar la verdadera causa del malestar. Varios estudios científicos demuestran que la terapia psicológica combinada con un buen tratamiento psiquiátrico, llevado por un especialista, son un tándem perfecto. Incluso está reconocido que una terapia psicológica puede ayudar por sí misma al tratamiento de dolencias tan comunes como la ansiedad y la depresión.

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Por esto y por muchos motivos más, quiero decirte: sí, está en tu cabeza, pero eso no significa que no duela como un hueso roto o que no te imposibilite vivir como una fiebre alta. Puede que sea tu mente la que te lleva a sufrir, pero no significa que no sea real. Para eso estamos los psicoterapeutas, para ayudar a aliviar el sufrimiento de la mente igual que otros especialistas alivian los del cuerpo. Si trabajamos en equipo, el resultado es mucho mejor, de mayor calidad y duradero.

“La locura no es más que ser uno mismo, pero amplificado” dice Susanna en la película Inocencia interrumpida (James Mangold) A veces no hay que estar loco al uso, como dicen en la calle, para necesitar ayuda y desenmarañar nuestra madeja mental. Cualquiera pasa una crisis que ‘está en su cabeza’ ¿Dónde sino?

Burnout – el trabajo me quema

Una persona puede sospechar que está desarrollando el síndrome de burnout cuando su calidad de vida se ve afectada en su ámbito personal por causas profesionales. El primer efecto es el de desarrollar estrés crónico por causa de las características propias de su trabajo. Algunas de sus causas son la dificultad en las relaciones profesionales (con jefes, encargados, compañeros, etc.) la sobrecarga de tareas, sentimientos de miedo relacionados a la pérdida del empleo o el empeoramiento de las condiciones y la falta de realización personal a través del trabajo. Las personas que lo padecen pueden tener síntomas como:

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– Dolores musculares y de cabeza. Incluso dolores difusos e itinerantes.

– Falta de concentración y de memoria. Supone tardar más de lo necesario en hacer una tarea y puede que con peor calidad de la que realmente se es capaz.

– Falta o exceso de apetito. Depende de la persona puede perderse el gusto por la comida o en cambio buscarla como un consuelo del malestar o la angustia.

– Fatiga. Sensación de falta de energía y cansancio físico. Todo puede hacerse un mundo.

– Pérdida de iniciativa. Dificultad para establecer metas y hacer planes.

– Alteraciones del humor. Facilidad para ponerse de ‘mal humor’ o estar irritable.

– Problemas de sueño. Dificultad para conciliar el sueño o que no sea de calidad reparadora.

Cuando una persona ha llegado a desarrollar estos síntomas psicológicos, suele tener ya los efectos físicos del exceso de oxitocina. La oxitocina es una hormona que en exceso puede resultar tóxica y causar problemas en el sistema cardiovascular (subida de la presión arterial), en el sistema inmunológico (resfriados, gastroenteritis, migrañas frecuentes o incluso enfermedades autoinmunes) y el digestivo (gastritis y diarreas)

Una vez nos damos cuenta de que podemos estar afectados por el  burnout, es necesario poner remedio lo antes posible. Te dejo algunos consejos que pueden serte útiles para tomar conciencia:

– Eres dueño de tu tiempo, organiza tú mismo tu horario y recuerda añadir tus necesidades personales.

– Delega y establece límites. Pedir ayuda no es de débiles, es de responsables.

– Aprende a priorizar y racionalizar el tiempo. No eres una máquina y el día tiene un número de horas limitado.

– No te hagas propios los problemas ajenos. Ayuda cuando puedas, no lo tomes como una tarea más.

– Para y organiza tus vacaciones y descansos. Si no repones pilas, tarde o temprano lo pagas.

– Busca tiempo para estar al aire libre y en contacto con tus amistades y familia. Relativizar las cuestiones laborales es muy útil para la salud mental. Distraerse despeja la mente para buscar soluciones más adelante.