Toma conciencia…plena

‘La vida es lo que nos sucede mientras planeamos el futuro’

John Lennon

Estar aquí y ahora, vivir el presente, disfrutar en concentrarse. La base es realmente sencilla y casi tan antigua como el ser humano, ya que sus raíces se remontan hace más de 5000 años: la meditación. La meditación es la parte más espiritual de las grandes religiones como el budismo, el misticismo cristiano y el musulmán.

Meditar es nada más y nada menos que permitir a nuestros pensamientos expresarse sin juzgarlos y sin influir en ellos. Muchas veces se confunde con intentar ‘no pensar en nada’, que es realmente complicado o casi imposible. Nuestra mente no está capacitada para actuar en negativo, así que debemos darle órdenes en positivo para que nos obedezca ¿es realmente posible?

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Los estudios neurológicos demuestran que la práctica de unas sencillas técnicas de focalización nos entrena para poder conseguirlo.

El objetivo es reducir el ruido mental que provoca el estrés a largo plazo, pero sobretodo estar en contacto con nosotros mismos. Más allá de mejorar la actividad de nuestro cerebro, está el permitirnos un momento para escucharnos y contactar con nuestro interior. Librarnos por un momento de nuestras expectativas y exigencias, dejar de machacarnos con el pasado y de preocuparnos por el futuro y ocuparnos del presente.

No olvidemos que la vida se construye cada día, y sólo tú sabes lo que necesitas, deseas y sueñas. Escucha tu interior y atrévete a contactar con tu voz en el silencio. Puedes escribir lo que te pasa por la cabeza, expresarlo con dibujo libre o practicar un deporte que te permita focalizarte en ti, en cómo estás. Permítete un momento de reconexión contigo.

Sacrificio no es sinónimo de amor

¿Por qué sacrificio y amor deben compartir nuestras relaciones? Nuestra sociedad nos hace creer desde muy temprana edad que querer a alguien es renunciar y sufrir, porque si es fácil no es amor. Crecemos sin cuestionarnos nada al respecto, rodeados de películas, canciones y mitos que nos refuerzan la idea de que tenemos que adaptarnos a la pareja, dejar nuestra vida anterior a conocerla y priorizarla por encima de todo, como si ya no pudiéramos ser si no está. Pero esto no es necesario ni sano, hay otras cosas que tendríamos que valorar:

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– Amor y fusión no son la misma cosa. La fusión supone perder la propia forma y no es necesario para querer a alguien.

– Amar es respetar. Te querrán por lo que eres no por la idea que tengan en su mente de cómo debes ser.

– La intimidad no es negociable. Eres dueño/a de tus pensamientos, sentimientos, ideas y acciones.

– El control no es amor, es una muestra de celos y los celos no son sanos.

– No se trata de decir si no de hacer. El amor se nota en el comportamiento cotidiano no en las muestras arrebatadas esporádicas.

– Se puede querer mucho, muchísimo y querer mal. No es incompatible.

– El amor se elige todos los días. Es elegir quedarse. No hay necesidad de continuas muestras y pruebas ‘de fuego’, ni demostraciones límite.

Pero sobre todas las cosas, la más importante es sentirse conforme y coherente estés en la relación que estés. No es cuestión de enjuiciar la relación, sino elegir libremente sin adoctrinamiento y con reflexión. Revisa cómo estás en tu relación y date un minuto para respirar y sentir que responde tu cuerpo. No debe haber obligaciones ni castigos. Asegúrate que estás justo dónde sientes que quieres estar.

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¿Estoy triste o enfadado?

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta… En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas. Había una vez… un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente… Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque. La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua… Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró… Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza… Y así vestida de tristeza, la furia se fue. Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia. Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

Jorge Bucay

Rabia y tristeza

A menudo no sabemos describir qué es lo que nos pasa porque a nosotros mismos nos cuesta reconocerlo. Ya no es cuestión de encontrar la palabra, sino de comprender qué es lo que está sucediendo en nuestro interior y por qué. Sobre todo cuando sentimos que algo nos desborda y no alcanzamos a entender el motivo. Las personas somos un sistema complejo donde las emociones se mezclan y combinan todo el tiempo, pero siempre hay una en cada situación que predomina y nos da la pista para resolver. Entonces es importante diferenciarla y atenderla: ¿qué necesito ante esta emoción? ¿Me la permito o no me la permito? ¿Qué dificultad encuentro en expresarla?

La forma en que hemos aprendido a ‘sacar’ esa emoción nos condiciona. Si no hemos sido educados para subir la voz, quejarnos y expresar enfado, se puede generar una tristeza interna que se convierta en melancolía. Por el contrario, si no me han permitido llorar y estar triste, estar irritado puede ser la única manera de expresar la emoción.

Es muy importante para nuestra salud mental reconocer tanto la tristeza como la rabia por separado y ser conscientes de que necesitan expresiones diferentes para liberarse y resolverse. Si no se hace así, pueden enquistarse y provocarnos problemas en el futuro. Ambas emociones son sanas y necesarias para vivir, y ninguna es negativa ni debe reprimirse, siempre reaparecen en la siguiente vuelta que nos da la vida y se nos ofrece una ocasión para encararlas de nuevo.

Cinco películas sobre inteligencia emocional

Hemos hablado en muchas ocasiones sobre la importancia de la inteligencia emocional, de lo que nos puede facilitar la vida y ayudarnos a tener mayor bienestar y mejores relaciones personales. Además de ejercicios y lecturas, siempre se puede reflexionar a partir de otras historias, de otros ejemplos. Hoy os propongo cinco películas para observar diferentes actitudes que contribuyen al trabajo de la inteligencia emocional en diferentes aspectos de nuestra vida.

Inside Out: Una de las más recientes películas de Pixar y ya convertido en un clásico. Traducida como ‘Del revés’ en castellano, esta película animada nos explica de manera sencilla cómo funcionan las emociones en nuestro cerebro y también cómo se desarrollan a lo largo de la vida. Es una película para todos los públicos, igualmente entretenida para niños y adultos

 

Wall-e: Otra obra de Pixar, esta película es una tierna historia sobre la soledad, la comunicación humana y el amor. La relación entre dos robots que viven en un solitario planeta y, sin una palabra, nos generan sentimientos de ternura muy humanos.

 

Mejor…imposible: Un gran ejemplo del funcionamiento del TOC (Trantorno Obsesivo Compulsivo) Esta película trata también el tema de la empatía, de la manera de transmitir nuestros pensamientos sin agredir o maltratar al otro, procurando respetar y entender los sentimientos ajenos.

 

El discurso del rey: En esta película se exponen algunas de las claves sobre como afrontar las relaciones sociales a través de la relación entre un rey con miedo a hablar en público y un ‘terapeuta’ que ha aprendido su técnica de una experiencia muy cruda.

 

El club de la lucha: ¿Cuánto estás dispuesto a arriesgar para lograr tus objetivos? Los dos protagonistas de esta película se enfrentan en una lucha de contrarios por lograr encontrar su lugar en el mundo y reivindicar su espacio.

 

Unos cuantos temas para reflexionar, películas muy diferentes entre ellas pero muy interesantes para pensar… aprovecha en verano para recuperar alguna y darle una vuelta a tu estado emocional.

¿Son tus excusas mayores que tus objetivos?

“Había un ratón que estaba siempre angustiado porque tenía miedo del gato. No salía de su madriguera sin hacer miles de comprobaciones, no dormía sin cerrar bien la madriguera, se angustiaba por todos los lugares por los que podía aparecer y cazarlo.

Un mago se compadeció de él y lo convirtió… en un gato. Pero entonces, empezó a sentir miedo del perro, porque el perro podía hacerle de daño de múltiples maneras.  De modo que el mago, lo convirtió en perro. Luego empezó a sentir miedo de la pantera, porque es un animal que tiene más fuerza que ningún otro. Y el mago lo convirtió en pantera. Con lo cual comenzó a temer al cazador, que perseguía a todas las fieras.

Llegado a este punto, el mago se dio por vencido y volvió a convertirlo en ratón, diciéndole:

“Nada de lo que haga por ti va a servirte de ayuda, porque siempre tendrás el corazón de un ratón.”

El pretexto del miedo es muy útil para despistarnos de los objetivos que no creemos que seremos capaces de conseguir, para generar excusas y no ir a por aquello para lo que realmente estamos hechos. Está enmascarando el motivo original que es la falta de confianza en nosotros mismos. Porque el problema no es que no seamos suficientemente grandes, ni suficientemente hábiles, ni estemos suficientemente “seguros”. Posponemos y posponemos explicando muchas veces con pereza lo que realmente es cobardía.

falta de confianza

No nos atrevemos porque tenemos miedo al juicio o también miedo al fracaso, porque pensamos que es mejor pensar que era imposible que arriesgarse a no conseguirlo -aunque probablemente sí está a nuestro alcance-. Muchas veces desvalorizamos nuestras virtudes por comparar demasiado con las aptitudes de los demás- ‘si yo fuera más…’’si me pareciera a tal o a cual…’’si fuera capaz de…’-. Y no es que nosotros no tengamos eso que deseamos, es que probablemente no nos hemos dado ocasión de comprobarlo.

Porque si a mí me educan como un ratón, actúo como un ratón y me caracterizo de ratón, al final me creo que soy un ratón, y los demás también lo creen. Y a mí mismo al final no me cabe duda de que jamás seré un gato, un perro, una pantera o un cazador, pero tampoco me doy la oportunidad de aceptar que lo mejor me gusta ser ratón, que no me pareceré a ninguno de ellos ¡ni falta que me hace!

Puedo decidir quedarme dónde estoy y valorar que es bueno. Pero siempre desde la libertad y no desde la queja y desde la resignación. Recuerda que de todo lo que eres, seguro que no eres un árbol, así que si no te gusta donde estás… muévete.

Ser una persona normal

La palabra ‘normal’ se usa como si fuera un término realmente universal y no hubiera duda de que, al usarlo, todo el mundo sin excepción supiera a qué se refiere exactamente. Y hay tantos tipos de normalidad como personas. Lo que pasa es que la mayoría finge delante de los demás que no es raro, excéntrico o diferente ¿Por qué? ¿Por qué nos preocupa tanto no destacar? Tenemos que ser y hacer lo que todo el mundo hace, y que todo el mundo se entere de que es así (recuerda publicarlo en redes sociales) no sea que piensen que no eres normal.

Primero me gustaría dejar claro que, a pesar de lo que se pueda pensar, normal únicamente significa que pertenece a una parte de la distribución estadística dónde se acumulan datos – vamos, donde se sitúa la mayoría. Pero bajo ningún concepto eso es un juicio de valor, no significa ni bueno ni malo, sólo lo que es costumbre. Que mucha gente tema salirse de la línea se debe a que desde pequeños muchas veces nos vemos señalados por no hacer lo que las normas nos dicen: ‘Los caballos no son rojos y verdes, vuélvelo a pintar’, ‘el uniforme no es reversible, hay una forma de llevarlo’, ‘los errores se señalan en rojo, los aciertos en verde’, ‘el tema libre son las vacaciones’, etc. Condicionados desde el nacimiento, marcados con un bolígrafo rojo desde la cuna. Cuando nos salimos de línea hay miedo, podemos cometer un error y que todos nos señalen. Pero sólo las personas que se salen de la línea hacen algo un poco productivo por la humanidad o al menos lo intentan. Innovan, buscan otras posibilidades, procuran encontrar respuestas.

ser normal

Por desgracia, los acontecimientos de la actualidad nos demuestran lo poco que hemos cambiado en los últimos diez mil años para seguir actuando como es normal y sentirnos a salvo del dedo señalador. No te engañes, la norma es opcional, es una guía. Como adulto puedes decidir seguirla o no (los niños no tienen esa suerte…) Además, hay una gran noticia: al nacer, ya eres especial ¡no hay que hacer nada! A nadie le gusta ser un robot en el montón. Tú unicidad te define, no tienes nada de qué avergonzarte.

A propósito de este tema, te dejo el vídeo de la entrevista a la directora de una película de humor con un mensaje directo y muy tierno. “Requisitos para ser una persona normal” de Leticia Dolera.

¡Di basta!

Cada vez que dices “no me ha costado nada”, mientes. Cada vez que dices “da igual, ya me lo compensará” sabes que peor aún, te mientes a ti mismo. Cada vez que te das un poco más, sin valorar tu verdadera contribución a lo que haces, das una sonora bofetada a tu autoestima. Es el tipo de situaciones que repiten aquellas personas que sienten que dan más de lo que reciben. Probablemente es en realidad así, dan y dan esperando que se les reconozca en algún momento su contribución, y sin embargo reciben sólo frustración a cambio.

decir basta

Muchas personas llegan a terapia con un problema que explican como “me bloqueo, tengo mucho que hacer” o “tengo que gestionarme mejor, no tengo tiempo”. En ocasiones es una cuestión de organización. Pero la mayor parte de las veces es más bien cuánto abarcas y cuanto aprietas. Con frecuencia son personas que se juzgan duramente por no llegar a ‘todo’. Su ‘todo’ es un mínimo que para la mayoría sería un máximo. Lo que pasa es que no se permiten decir que no a nada por lo que vayan a pensar los otros si les dicen simplemente ‘no, no puedo’. Temer perder el afecto-aceptación-atención de los demás motiva a muchas personas a vivir teniendo que satisfacer las necesidades ajenas sin escuchar nunca las propias. Son personas que con frecuencia sufren de ansiedad, bajo ánimo, ideas de las que no se pueden desprender, falta de sueño. Su cuerpo les va indicando que no puede más y no entienden el mensaje porque están programadas para continuar con su misión: cumplir, agradar, recibir aprobación, no fallar.

¿Cuántas veces se plantean qué reciben a cambio? Es fácil que cualquiera pueda abusar de una persona que no es capaz de respetar sus propios límites. No es sólo ser bueno, también es dejar que te tomen el pelo. No es mala educación ni falta de sensibilidad ni egoísmo ni debilidad. Decir basta es una cuestión de respeto hacia uno mismo. Y al decirlo, nace un halo que provoca mágicamente el respeto de los demás. Como dice la sabiduría popular “si no te valoras tú, nadie lo hará”. Ponle ‘precio’ a tu contribución porque sí te ha costado hacerla.