Ser una buena chica…

“Eso no es de buena niña. Las buenas chicas no hacen eso”. ¿Y los niños? Les suelo preguntar yo. Pero eso es otra cosa. Niño bueno no significa lo mismo que niña buena, ni tiene el mismo valor, incluso hoy en día que ya somos todos ‘igualitarios’.

Me ha sorprendido cuando he estado con grupos de adolescentes que hayan absorbido tan rápidamente roles y clichés tan antiguos de una forma tan natural. Se supone que ya son del siglo XXI, ‘gente del futuro’, y algunos son más antiguos que mi propia abuela. Algo no se está haciendo bien, o no lo transmitimos de la forma adecuada. O igual es que no nos lo creemos de verdad… Hay muchas mujeres que cuando tienen que hablar de sí mismas se describen como actuales, que no soportan el machismo y se quejan de la faltad de igualdad. Pueden ser incluso legítimamente críticas con la forma en que las han educado. Y sin embargo dicen que siempre ‘han sido buenas chicas’.

Buenas chicas

No tendría por qué ser algo malo si no analizamos lo que realmente quiere decir. Muchas veces ser “buenas chicas” es sinónimo de dócil, complaciente, que rehuye el conflicto, incluso que debe tragarse sus sentimientos para comprender a los demás. Cumple con lo que se supone que tiene que hacer para no dar que hablar.

Muchas mujeres consultan por problemas del estado de ánimo, ansiedad o insatisfacción con su vida, aunque lo han hecho ‘todo bien’. ‘¿Qué he hecho mal? ¡si he cumplido con todo!’ Hay mucha frustración y rabia detrás del sacrificio de los propios sentimientos por hacer ‘lo correcto o lo que se espera’, sobre todo si se genera la ilusión de que hay una especie de justicia que va a reconocer tu esfuerzo. Es un chasco comprobar que normalmente no es así. Creo que no es cuestión de preguntarse qué tenías que hacer, sino si lo has hecho por ti, si lo que haces de verdad te satisface, si era tu elección o la de los demás. A qué has renunciado por miedo a que te critiquen o te rechacen. En el camino de ser ‘buena niña’ hay grandes renuncias que no son conscientes y se transforman en malestares o formas de actuar de las que luego no nos sentimos satisfechas de verdad.

Mark Twain

Descubrí un libro que me hizo pensar en este tema y me parece interesante compartir aquí. Se titula “Consejos para las niñas buenas” de Mark Twain, un cuento infantil (con reflexiones muy adultas) sobre el rol de las mujeres en la sociedad. Curiosa reflexión que ya se hacía hace dos siglos. Os dejo un párrafo lleno de ironía y buen humor 😊

Consejos para niñas pequeñas:

«Si tu madre te pide que hagas algo, no está bien decirle que no. Es preferible y más conveniente darle a entender que harás lo que te ordena, y después proceder con discreción según los dictados de tu sabio criterio».

Círculo de influencia: comprendernos para tomar decisiones

Obtener bienestar psicológico, encontrarnos ‘en paz’, puede parecer imposible en principio, pero en la práctica puede resultar fácil si nos lo proponemos. Se basa en la coherencia y la fidelidad que las personas tenemos con nosotras mismas. La coherencia se podrá desarrollar cuando tengamos un buen equilibrio entre pensamiento, sentimiento y acción, y la fidelidad cando tengamos claros nuestros objetivos y nuestros límites. En esta entrada nos encargaremos de la segunda parte.

Circulo de influencia

Respetar nuestros límites es comprender y aceptar que es totalmente cierto que hay cosas que se pueden y cosas que no se pueden. Es realmente simple aunque pueda parecer difícil, en realidad se trata de valorar en que zona de nuestra influencia está la idea que nos estamos planteando. Las posibilidades de acción que tenemos se dividen en tres partes, como muestra el esquema:

circulo de influencia

Lo primero es comprender qué cosas de verdad están en nuestra zona de influencia. Es decir, por las que nosotros sí tenemos posibilidades reales de movernos y hacer algo sin necesitar la acción externa. Luego tenemos todas aquellas acciones que nos son accesibles a través de influencia; no quiere decir que seguro que no podamos lograrlo, sino que tenemos la posibilidad de hacer algo para que alguien o algo nos ayude. Y por último, la temida zona de ‘preocupación’ donde tenemos que frustrarnos y aceptar que no depende de nosotros, y por muchas vueltas que le demos no hay nada que podamos hacer, depende de factores externos.

La mayoría de los problemas emocionales que desarrollamos (ansiedad, estrés, insomnio, depresión, fobias) están relacionadas con la dificultad para categorizar las soluciones en las tres zonas. Nos bloqueamos para tomarnos la responsabilidad de aceptar que sí podemos hacer algo, pero nos de miedo que no salga bien, así que preferimos no intentarlo.

Sea cual sea el caso, te atrapará en la preocupación. Ese conocido tiempo que pasa entre saber qué necesitas y hacer algo por conseguirlo, un tiempo angustioso que no hace más que robarte el sueño y generar todo tipo de malestares físicos y psicológicos. La solución es simple: haz lo que piensas. Si no funciona, haz otra cosa. Nadie sabe cuál es la forma correcta, no podemos adivinar el futuro. Sólo tus acciones te irán dando información sobre el camino a seguir.

Sacrificio no es sinónimo de amor

¿Por qué sacrificio y amor deben compartir nuestras relaciones? Nuestra sociedad nos hace creer desde muy temprana edad que querer a alguien es renunciar y sufrir, porque si es fácil no es amor. Crecemos sin cuestionarnos nada al respecto, rodeados de películas, canciones y mitos que nos refuerzan la idea de que tenemos que adaptarnos a la pareja, dejar nuestra vida anterior a conocerla y priorizarla por encima de todo, como si ya no pudiéramos ser si no está. Pero esto no es necesario ni sano, hay otras cosas que tendríamos que valorar:

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– Amor y fusión no son la misma cosa. La fusión supone perder la propia forma y no es necesario para querer a alguien.

– Amar es respetar. Te querrán por lo que eres no por la idea que tengan en su mente de cómo debes ser.

– La intimidad no es negociable. Eres dueño/a de tus pensamientos, sentimientos, ideas y acciones.

– El control no es amor, es una muestra de celos y los celos no son sanos.

– No se trata de decir si no de hacer. El amor se nota en el comportamiento cotidiano no en las muestras arrebatadas esporádicas.

– Se puede querer mucho, muchísimo y querer mal. No es incompatible.

– El amor se elige todos los días. Es elegir quedarse. No hay necesidad de continuas muestras y pruebas ‘de fuego’, ni demostraciones límite.

Pero sobre todas las cosas, la más importante es sentirse conforme y coherente estés en la relación que estés. No es cuestión de enjuiciar la relación, sino elegir libremente sin adoctrinamiento y con reflexión. Revisa cómo estás en tu relación y date un minuto para respirar y sentir que responde tu cuerpo. No debe haber obligaciones ni castigos. Asegúrate que estás justo dónde sientes que quieres estar.

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Depresión: una jaula de oro

“Pero nadie quiere hablar de eso. Al fútbol no le interesaba.” Así lo explicaba Bojan Krkic, actualmente jugador del Stoke city, cuando habló en el diario ‘The guardian’ sobre el estado de ansiedad que padeció en el año 2007. Para él, que debutó en la liga con tan solo 17 años, todo fue demasiado rápido, demasiadas expectativas puestas en él. Le llamaban el ‘nuevo Messi’ y eso precipitó que empezara a tener ataques de pánico que le impedían jugar, la presión nunca se iba, y le hacía sentirse enfermo, incapaz. En la medida que ‘triunfaba’ en su carrera su visión de sí mismo empeoraba y le hacía preocuparse en exceso sobre su rendimiento.

Lo peor fue el juicio que cayó sobre él, le tildaron de soberbio y de pasota. Él no podía hablar de lo que le estaba pasando porque se sentía demasiado asustado y enfermo. Pensaron que menospreciaba las ofertas cuando la ansiedad apenas le permitía jugar.

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Joakim Angervald

Afortunadamente consiguió sobrellevarlo pidiendo ayuda y tomando las decisiones más adecuadas para su salud: tomar distancia, fijarse metas a corto plazo más asequibles y rebajar la presión. Se dio cuenta que quizá no era su lugar o su momento, y a pesar de la opinión general de la afición y la profesión, decidió dejar el Barça y la selección y continuar simplemente haciendo lo que amaba: jugar a fútbol.

Otro caso parecido fue el de Gianluigi Buffon, el mejor portero de la liga italiana. En la época de su vida en la que tuvo mayor reconocimiento profesional sufrió una dura depresión por la que tuvo que tratarse. “Durante seis meses viví con un agujero en el alma” confesó en su libro autobiográfico titulado ‘Número1’. Para él “la gente, los aficionados, se lo toman a broma. Te ven como futbolista, como ídolo, y nadie te pregunta cómo estás. Al final eres esclavo de tu propia imagen”.

Muchos deportistas de élite de todos los deportes, y no sólo del fútbol, han pasado episodios de depresión o ansiedad en diferentes momentos de sus carreras. Aunque pensemos que son superhéroes afortunados, son personas como cualquiera de los mortales, con sus inseguridades, sus problemas de autoestima, sus miedos y sus dudas. Son susceptibles a la presión y las expectativas como cualquier otro.

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Es habitual que, al llegar a la cima del éxito, muchas personas teman decepcionar, porque ¿qué más pueden dar? Se empieza a criticar sus fallos y pronto ellos mismos dejan de tener confianza y pierden sus objetivos vitales.

He querido continuar con este tema tras la entrada sobre Andrés Iniesta porque creo que es necesario visualizar este problema que parece dar vergüenza, pero que lamentablemente se extiende en nuestra sociedad. Ahora que empezamos un nuevo año, me parece un buen momento para que revisemos nuestros objetivos y nos preguntemos: ¿estoy dónde quiero estar? ¿me gusta lo que hago con mi vida? ¿me gusta quién soy? Intentar cumplir sólo las expectativas ajenas puede generar mucho sufrimiento. Piensa sólo cuál es tu proyecto personal y no permitas que lo juzgue nadie.

¡Feliz Navidad!

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Felices fiestas y feliz año 2019 lleno de nuevas esperanzas, ilusiones y sueños

Superar la depresión: el ejemplo de Andrés Iniesta

Estar vacío. El vacío es la sensación que mejor explica la depresión.  A pesar de parecer que tienes muchas cosas o muchos motivos para estar contento la sensación es de insatisfacción. Se ha perdido el significado, el motivo para hacer lo que haces.

Muchas veces empieza como un malestar difuso, se busca respuesta en análisis de sangre, escáneres, radiografías… hay un dolor difícil de explicar al que no se encuentra causa física. La mayoría de las veces se altera el sueño (se duerme mucho, poco, mal, con pesadillas, entrecortadamente, etc.) y también el hambre (falta o exceso) Se buscan respuestas en la medicina, pero al final sólo queda una pregunta ¿qué me está pasando?

Andrés IniestaFotografía de Jordi Cotrina

La depresión sigue siendo una gran desconocida a pesar de la divulgación que se intenta hacer sobre ella. Sigue siendo algo muy difícil de comprender ¿Por qué nos deprimimos? No hay un único motivo, no hay un virus que lo cause. Por eso, creo que es tan importante que personas cercanas a la sociedad puedan dar su testimonio y dejar de silenciar una realidad que es casi una epidemia. En esta ocasión se trata de Andrés Iniesta. Un deportista de élite exitoso que, en la cresta de la ola, sufre la crisis vital más grande de su vida. Os dejo unos cortes de la entrevista que Jordi Évole le hizo recientemente:

“Deseaba que llegara la noche para poder tomarme una pastilla y descansar” 

“Estuve en tratamiento un periodo con la psicóloga, siempre me acordaré de las ganas que tenía de tener la consulta, llegaba hasta 15 minutos antes”

“Cuando sufres depresión, no eres tú, cuando estás tan vulnerable es difícil controlar momentos de la vida”

Desesperanza, desmotivación, ideas de muerte, falta de interés general por vivir. Ese es el síntoma principal de la depresión. Es importante no confundirlo exclusivamente con la tristeza que se genera ante situaciones de pérdida. Como Iniesta bien explica, a él le sobreviene en el momento más exitoso de su carrera.  Acabó sintiendo su vida emocional secuestrada, se quedó aislado en un mundo que no le decía nada.

La depresión tiene un motivo y un significado dentro de la historia de cada persona y es el resultado de la misma. Entender qué nos ha llevado a ella es una clave importante para poder tratarla, dar nuevas pautas, significados y sentido a nuestra vida. Puede que no estemos preparados para el éxito, puede que no podamos abarcar lo que los acontecimientos suponen, podemos perder a alguien que era un pilar importante para sobrellevar el estrés… Cualquier pérdida de una situación de seguridad puede hacernos trastabillar.

Lo importante es que si estás pasando por un episodio de este tipo sepas que no hay nada de ‘defectuoso o débil’ en padecer una depresión. En las circunstancias adecuadas todos somos susceptibles de caer en ella. Así que no dudes en pedir apoyo y ayuda. Muchas personas han pasado por procesos similares, como Andrés Iniesta en este caso, y han podido superarlo gracias a su empeño y la ayuda que han pedido. De la depresión se sale.

¿Estoy triste o enfadado?

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta… En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas. Había una vez… un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente… Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque. La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua… Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró… Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza… Y así vestida de tristeza, la furia se fue. Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia. Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

Jorge Bucay

Rabia y tristeza

A menudo no sabemos describir qué es lo que nos pasa porque a nosotros mismos nos cuesta reconocerlo. Ya no es cuestión de encontrar la palabra, sino de comprender qué es lo que está sucediendo en nuestro interior y por qué. Sobre todo cuando sentimos que algo nos desborda y no alcanzamos a entender el motivo. Las personas somos un sistema complejo donde las emociones se mezclan y combinan todo el tiempo, pero siempre hay una en cada situación que predomina y nos da la pista para resolver. Entonces es importante diferenciarla y atenderla: ¿qué necesito ante esta emoción? ¿Me la permito o no me la permito? ¿Qué dificultad encuentro en expresarla?

La forma en que hemos aprendido a ‘sacar’ esa emoción nos condiciona. Si no hemos sido educados para subir la voz, quejarnos y expresar enfado, se puede generar una tristeza interna que se convierta en melancolía. Por el contrario, si no me han permitido llorar y estar triste, estar irritado puede ser la única manera de expresar la emoción.

Es muy importante para nuestra salud mental reconocer tanto la tristeza como la rabia por separado y ser conscientes de que necesitan expresiones diferentes para liberarse y resolverse. Si no se hace así, pueden enquistarse y provocarnos problemas en el futuro. Ambas emociones son sanas y necesarias para vivir, y ninguna es negativa ni debe reprimirse, siempre reaparecen en la siguiente vuelta que nos da la vida y se nos ofrece una ocasión para encararlas de nuevo.