Depresión: una jaula de oro

“Pero nadie quiere hablar de eso. Al fútbol no le interesaba.” Así lo explicaba Bojan Krkic, actualmente jugador del Stoke city, cuando habló en el diario ‘The guardian’ sobre el estado de ansiedad que padeció en el año 2007. Para él, que debutó en la liga con tan solo 17 años, todo fue demasiado rápido, demasiadas expectativas puestas en él. Le llamaban el ‘nuevo Messi’ y eso precipitó que empezara a tener ataques de pánico que le impedían jugar, la presión nunca se iba, y le hacía sentirse enfermo, incapaz. En la medida que ‘triunfaba’ en su carrera su visión de sí mismo empeoraba y le hacía preocuparse en exceso sobre su rendimiento.

Lo peor fue el juicio que cayó sobre él, le tildaron de soberbio y de pasota. Él no podía hablar de lo que le estaba pasando porque se sentía demasiado asustado y enfermo. Pensaron que menospreciaba las ofertas cuando la ansiedad apenas le permitía jugar.

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Joakim Angervald

Afortunadamente consiguió sobrellevarlo pidiendo ayuda y tomando las decisiones más adecuadas para su salud: tomar distancia, fijarse metas a corto plazo más asequibles y rebajar la presión. Se dio cuenta que quizá no era su lugar o su momento, y a pesar de la opinión general de la afición y la profesión, decidió dejar el Barça y la selección y continuar simplemente haciendo lo que amaba: jugar a fútbol.

Otro caso parecido fue el de Gianluigi Buffon, el mejor portero de la liga italiana. En la época de su vida en la que tuvo mayor reconocimiento profesional sufrió una dura depresión por la que tuvo que tratarse. “Durante seis meses viví con un agujero en el alma” confesó en su libro autobiográfico titulado ‘Número1’. Para él “la gente, los aficionados, se lo toman a broma. Te ven como futbolista, como ídolo, y nadie te pregunta cómo estás. Al final eres esclavo de tu propia imagen”.

Muchos deportistas de élite de todos los deportes, y no sólo del fútbol, han pasado episodios de depresión o ansiedad en diferentes momentos de sus carreras. Aunque pensemos que son superhéroes afortunados, son personas como cualquiera de los mortales, con sus inseguridades, sus problemas de autoestima, sus miedos y sus dudas. Son susceptibles a la presión y las expectativas como cualquier otro.

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Es habitual que, al llegar a la cima del éxito, muchas personas teman decepcionar, porque ¿qué más pueden dar? Se empieza a criticar sus fallos y pronto ellos mismos dejan de tener confianza y pierden sus objetivos vitales.

He querido continuar con este tema tras la entrada sobre Andrés Iniesta porque creo que es necesario visualizar este problema que parece dar vergüenza, pero que lamentablemente se extiende en nuestra sociedad. Ahora que empezamos un nuevo año, me parece un buen momento para que revisemos nuestros objetivos y nos preguntemos: ¿estoy dónde quiero estar? ¿me gusta lo que hago con mi vida? ¿me gusta quién soy? Intentar cumplir sólo las expectativas ajenas puede generar mucho sufrimiento. Piensa sólo cuál es tu proyecto personal y no permitas que lo juzgue nadie.

Superar la depresión: el ejemplo de Andrés Iniesta

Estar vacío. El vacío es la sensación que mejor explica la depresión.  A pesar de parecer que tienes muchas cosas o muchos motivos para estar contento la sensación es de insatisfacción. Se ha perdido el significado, el motivo para hacer lo que haces.

Muchas veces empieza como un malestar difuso, se busca respuesta en análisis de sangre, escáneres, radiografías… hay un dolor difícil de explicar al que no se encuentra causa física. La mayoría de las veces se altera el sueño (se duerme mucho, poco, mal, con pesadillas, entrecortadamente, etc.) y también el hambre (falta o exceso) Se buscan respuestas en la medicina, pero al final sólo queda una pregunta ¿qué me está pasando?

Andrés IniestaFotografía de Jordi Cotrina

La depresión sigue siendo una gran desconocida a pesar de la divulgación que se intenta hacer sobre ella. Sigue siendo algo muy difícil de comprender ¿Por qué nos deprimimos? No hay un único motivo, no hay un virus que lo cause. Por eso, creo que es tan importante que personas cercanas a la sociedad puedan dar su testimonio y dejar de silenciar una realidad que es casi una epidemia. En esta ocasión se trata de Andrés Iniesta. Un deportista de élite exitoso que, en la cresta de la ola, sufre la crisis vital más grande de su vida. Os dejo unos cortes de la entrevista que Jordi Évole le hizo recientemente:

“Deseaba que llegara la noche para poder tomarme una pastilla y descansar” 

“Estuve en tratamiento un periodo con la psicóloga, siempre me acordaré de las ganas que tenía de tener la consulta, llegaba hasta 15 minutos antes”

“Cuando sufres depresión, no eres tú, cuando estás tan vulnerable es difícil controlar momentos de la vida”

Desesperanza, desmotivación, ideas de muerte, falta de interés general por vivir. Ese es el síntoma principal de la depresión. Es importante no confundirlo exclusivamente con la tristeza que se genera ante situaciones de pérdida. Como Iniesta bien explica, a él le sobreviene en el momento más exitoso de su carrera.  Acabó sintiendo su vida emocional secuestrada, se quedó aislado en un mundo que no le decía nada.

La depresión tiene un motivo y un significado dentro de la historia de cada persona y es el resultado de la misma. Entender qué nos ha llevado a ella es una clave importante para poder tratarla, dar nuevas pautas, significados y sentido a nuestra vida. Puede que no estemos preparados para el éxito, puede que no podamos abarcar lo que los acontecimientos suponen, podemos perder a alguien que era un pilar importante para sobrellevar el estrés… Cualquier pérdida de una situación de seguridad puede hacernos trastabillar.

Lo importante es que si estás pasando por un episodio de este tipo sepas que no hay nada de ‘defectuoso o débil’ en padecer una depresión. En las circunstancias adecuadas todos somos susceptibles de caer en ella. Así que no dudes en pedir apoyo y ayuda. Muchas personas han pasado por procesos similares, como Andrés Iniesta en este caso, y han podido superarlo gracias a su empeño y la ayuda que han pedido. De la depresión se sale.

¿Estoy triste o enfadado?

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta… En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas. Había una vez… un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente… Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque. La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua… Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró… Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza… Y así vestida de tristeza, la furia se fue. Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia. Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

Jorge Bucay

Rabia y tristeza

A menudo no sabemos describir qué es lo que nos pasa porque a nosotros mismos nos cuesta reconocerlo. Ya no es cuestión de encontrar la palabra, sino de comprender qué es lo que está sucediendo en nuestro interior y por qué. Sobre todo cuando sentimos que algo nos desborda y no alcanzamos a entender el motivo. Las personas somos un sistema complejo donde las emociones se mezclan y combinan todo el tiempo, pero siempre hay una en cada situación que predomina y nos da la pista para resolver. Entonces es importante diferenciarla y atenderla: ¿qué necesito ante esta emoción? ¿Me la permito o no me la permito? ¿Qué dificultad encuentro en expresarla?

La forma en que hemos aprendido a ‘sacar’ esa emoción nos condiciona. Si no hemos sido educados para subir la voz, quejarnos y expresar enfado, se puede generar una tristeza interna que se convierta en melancolía. Por el contrario, si no me han permitido llorar y estar triste, estar irritado puede ser la única manera de expresar la emoción.

Es muy importante para nuestra salud mental reconocer tanto la tristeza como la rabia por separado y ser conscientes de que necesitan expresiones diferentes para liberarse y resolverse. Si no se hace así, pueden enquistarse y provocarnos problemas en el futuro. Ambas emociones son sanas y necesarias para vivir, y ninguna es negativa ni debe reprimirse, siempre reaparecen en la siguiente vuelta que nos da la vida y se nos ofrece una ocasión para encararlas de nuevo.

Uno de cada cinco

Al hilo de la anterior entrada sobre la depresión, quiero citar hoy el fantástico programa de ayer sobre el tema. Con el título de uno de cada cinco, Salvados de Jordi Évole, nos ofreció el testimonio de personas que por diversas circunstancias lidian cada día con la depresión. Hoy quiero que sean ellos los que en primera persona puedan acercaros a la realidad de este trastorno. Y la realidad es que a pesar de lo dura y destructiva  que resulta, es posible salir de la depresión.

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Aquí os dejo los enlaces a la web con algunos extractos de la conversación que mantuvieron. Espero que pueda ayudaros a comprender y desestigmatizar. Le pasa a uno de cada cinco.

Jordi Évole ha preguntado cómo definirían la depresión a los que la han sufrido y Georgina Giner asegura que es “como si te chupasen toda la energía y a partir de ahí tienes que vivir igual”. “No era un estado anímico, a mí me provocaba un dolor físico, una opresión en el pecho que no te deja respirar bien”, asegura Noelia Ortiz.

https://goo.gl/WJPY7n

Iván Ferreiro cuenta en Salvados cuando tocó fondo en su depresión: “Cuando me fui a divorciar, en unas Navidades. No podía ver a nadie a los ojos, no podía hablar con nadie”. Asegura que “te das cuenta de que lo mejor que puedes hacer es no ir a ningún sitio. Te sientes desnudo y frágil, está todo el mundo comiendo y bebiendo y tú quieres explotar”.

https://goo.gl/iVQgUE

Iván Ferreiro habla en Salvados sobre la relación que existe entre sufrir una depresión y la sociedad actual: “Es flipante, todos escondemos nuestras debilidades todo el rato”. Además, Carmen destaca que “nos han vendido la idea de que tenemos que estar siempre felices, pero no pasa nada por tener un día de bajón”.

https://goo.gl/YZw62Z

 

Cómo reconocer la depresión

Hoy trataré sobre un tema delicado que, por desgracia, sigue siendo un tabú en nuestra sociedad: la depresión. Aunque con frecuencia se nombra o se habla de ella incluso de forma ‘banal’ (la depre) se trata de un trastorno serio que resulta muy invalidante y empobrece la vida de los que lo padecen de forma arrasadora. Los datos afirman que un alto porcentaje de la población la ha padecido, padece o padecerá en diferentes grados o profundidades. Sin embargo, por norma general es una gran desconocida.

La depresión está considerada una enfermedad, como tal la diagnosticará un médico en un documento oficial. Sin embargo, pienso que es mejor tratarla como un trastorno, ya que ayuda a comprenderla mejor. No es algo que nos entra de repente, aunque las expresiones populares así lo expliquen (le dio depresión, cogió depresión…) No es como un virus que te entra de repente. No es un cubo de enfermedad que te cayó de un balcón. Es un proceso de degradación interna que va deteriorando el estado de ánimo hasta llegar a resultar invalidante. Las personas acaban sintiendo su vida emocional secuestrada, se quedan aislados en un mundo que no les dice nada.

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Depression by Joakim Agervald

La depresión tiene un motivo y un significado dentro de la historia de cada persona y es el resultado de esta misma historia. Entender qué nos ha llevado a ella es una clave importante para poder tratarla, dar nuevas pautas, significados y sentido a nuestra vida. Es el trabajo que hacemos en terapia. Es importante que si estás pasando por un episodio de este tipo sepas que no hay nada de ‘defectuoso o débil’ en padecer una depresión. En las circunstancias adecuadas todos somos susceptibles de caer en ella. Así que no dudes en pedir apoyo y ayuda. De la depresión se sale.

Quiero compartir aquí un video que la Organización Mundial de la Salud (OMS) preparó para divulgar información sobre la depresión como manera para ayudar tanto a enfermos como familiares:

Cuidar del niño interior

“Eso pasó hace mucho tiempo”, “no pienso casi en ello”, “era un niño”… La última de las excusas es la que más impacta al oírla. Que fueras un niño no justifica que lo que pasó fuera mejor o menos malo. Los niños sienten igual que los adultos, y además tienen menos recursos para poder digerir la información. Por eso lo que nos sucede en la infancia es tan potente, a menudo se encapsula en nuestra mente y es vívido como si hubiera sucedido ayer. A muchos adultos les sorprende que algo que pasó hace mucho tiempo les pueda seguir emocionando.

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Las experiencias en nuestra vida cuentan desde el minuto uno que llegamos al mundo. Imagina que cada experiencia es un pequeño ladrillo que va construyendo quienes somos. Algunos son ladrillos más grandes que otros. Por lo tanto, todo lo que nos ha pasado colabora a conformar quien somos y la idea que nos hemos hecho de cómo son las cosas. Si nos han pegado pensaremos que pegar es normal y en realidad no lo es. Justificar ciertas acciones en la infancia puede suponer una herida que no se ha curado y sigue doliendo en la edad adulta. Es norma general que nos convenzan de que madurar es dejar atrás una serie de cosas: dibujar, imaginar historias, soñar despierto, reír abiertamente, jugar, hacer experimentos y sobretodo ser espontáneo. Pero nos olvidamos que este es el camino por el que aprendemos. Si nos volvemos adultos ‘muy serios’ acabamos limitando nuestras opciones porque no hemos alimentado nuestra creatividad como hacemos de niños. Nos vamos llenando de miedos.

Me gustó mucho este corto de Peter H. Reynolds que me enviaron el otro día. Me resulta muy conmovedor y pienso nos da una buena oportunidad de reflexión.

A menudo hemos dejado tan atrás a ese ‘niño interior’. Podemos tener la sensación de falta de sentido que nos lleva a la insatisfacción vital. Por eso, es importante no olvidarnos de mantener una línea directa con nuestros sentimientos y deseos con la que nos podamos comunicar asiduamente. Estas preguntas te pueden ayudar a ver si la mantienes o no. Y responder con monosílabos no vale:

  • ¿Te preocupa más hacer las cosas bien o las cosas correctas?
  • ¿Te gustaría tener menos cosas que hacer o hacer más cosas que disfrutes?
  • ¿Por qué haces tantas cosas que no te gustan si hay tantas cosas que te gustan y no haces?
  • ¿Qué consejo le darías a tu niño pasado si pudieras volver atrás?

Aprovecha el verano y el buen tiempo para conectarte contigo mismo. Las vacaciones nos dan la ocasión de realizar pruebas y tener ese tiempo valioso para hacer cosas diferentes. Aunque sean pequeñas píldoras, pueden reactivarte durante tiempo. Las excepciones son importantes.

Miedo a la soledad

“Todos los hombres, en algún momento de sus vidas, se sienten solos. Y lo están. Vivir es separarse de lo que fuimos para acercarnos a lo que seremos en el futuro. La soledad es el hecho más profundo de la condición humana.” Octavio Paz

La soledad no tiene un único significado. Aparentemente, supone un estado, el hecho de estar solo quizás, o eso diría la mayoría. Sin embargo, la soledad no es un hecho concreto, ni una situación, es un sentimiento. Es la sensación interna, la vivencia que una persona experimenta y no tiene nada que ver con la cantidad de gente que haya a su alrededor. Incluso hay gente que no ha llegado a experimentar  el estar solo y lo teme más que nada en el mundo.

4755572609_0c41fdf4fc_oEl miedo a la soledad es bastante común y un motivo que se esconde detrás de muchos problemas psicológicos. En nuestra sociedad es raro que alguien la tome como algo natural, es el tabú, lo terrible, algo de lo que huir, y tenemos montones de recursos para estar siempre acompañados: televisión, teléfono, redes sociales, mensajería… la seguridad de saber que siempre hay alguien al otro lado, que no estamos ‘solos’. Y aun así, es difícil deshacerse de esa sensación de vacío que para algunas personas es la soledad. A menudo se confunden. Lo que sucede es que al estar ‘sin ruido’, sin distracción, entramos en contacto con nosotros mismos, se hace el silencio y se escucha mejor nuestro interior. A lo mejor no nos gusta lo que oímos. A lo mejor no nos gusta lo que nos preguntamos; o a lo mejor me quedo conmigo mismo y resulta que no me gusto… Hay muchas personas que tienen dañada su autoestima, así que no tienen una ‘brújula interna’ para vivir, y necesitan estar siempre en contacto con otros para tener referencias en la vida. El reflejo que les dan los demás les dice como son, lo que deben hacer y en general no tienen que responsabilizarse de sí mismos. Cuando están solos, no saben quiénes son ni qué hacer. La peor parte de la soledad es la sensación de estar ‘perdido’, aislado, dejado llevar a una corriente que no sabemos dónde lleva. Incluso incomprendido, sobre todo cuando ni nosotros mismos podemos comprendernos. La respuesta de los demás nos lleva y nos da confianza.

Cuando una persona se conoce, se acepta, se respeta, en conjunto se gusta y se siente confiada, no teme a la soledad, puede incluso buscarla en algunos momentos. Esos momentos sirven en las personas equilibradas para intimar en la relación con uno mismo – “Amarse a uno mismo es el inicio de una relación para toda la vida”. Huir constante y sistemáticamente de la soledad supone perder la ocasión de conocernos y comprendernos, por lo tanto de tener una buena referencia para solucionar los problemas de nuestra vida: la nuestra propia y genuina.

Mi vida sin mí – Isabel Coixet