En breve iniciaremos una ‘nueva normalidad’ en la que todavía hay incertidumbre sobre lo que supondrá en nuestra vida. Adaptarnos a las medidas de seguridad, vivir con miedo el contacto social, la preocupación por nuestros familiares y amigos, asumir las pérdidas en una situación terrible, una situación económica incierta… Puede subir nuestro nivel de miedo ante el futuro y generarnos ansiedad. También es posible que nuestro estado de ánimo decaiga, nos sintamos más tristes y desesperanzados o todavía necesitemos digerir el shock.
Han sido unos meses que nos han pedido un extra de paciencia y capacidad de adaptación, y puede haber abierto heridas en nuestras relaciones o en nuestros proyectos.
¿Necesitas reorganizar tu mente? ¿Necesitas plantearte el futuro de tus relaciones personales o laborales? ¿No sabes muy bien cómo encarar el futuro? Si crees que has entrado en una duda más o menos profunda, es un buen momento para consultar. Intentaremos buscar una manera de que puedas sentirte mejor y acompañar este momento.
El servicio de visitas online se mantiene de la misma manera que se ha realizado durante el estado de alarma y confinamiento, con las mismas facilidades. Puede ser una buena opción para conciliar horarios personales, familiares y laborales y reducir desplazamientos.
Si te interesa la terapia presencial, he retomado las visitas en franjas reducidas. Ponte en contacto para pedir tu cita con suficiente antelación.
“La mejor forma de predecir tu futuro es construyéndolo”




El miedo a la soledad es bastante común y un motivo que se esconde detrás de muchos problemas psicológicos. En nuestra sociedad es raro que alguien la tome como algo natural, es el tabú, lo terrible, algo de lo que huir, y tenemos montones de recursos para estar siempre acompañados: televisión, teléfono, redes sociales, mensajería… la seguridad de saber que siempre hay alguien al otro lado, que no estamos ‘solos’. Y aun así, es difícil deshacerse de esa sensación de vacío que para algunas personas es la soledad. A menudo se confunden. Lo que sucede es que al estar ‘sin ruido’, sin distracción, entramos en contacto con nosotros mismos, se hace el silencio y se escucha mejor nuestro interior. A lo mejor no nos gusta lo que oímos. A lo mejor no nos gusta lo que nos preguntamos; o a lo mejor me quedo conmigo mismo y resulta que no me gusto… Hay muchas personas que tienen dañada su autoestima, así que no tienen una ‘brújula interna’ para vivir, y necesitan estar siempre en contacto con otros para tener referencias en la vida. El reflejo que les dan los demás les dice como son, lo que deben hacer y en general no tienen que responsabilizarse de sí mismos. Cuando están solos, no saben quiénes son ni qué hacer. La peor parte de la soledad es la sensación de estar ‘perdido’, aislado, dejado llevar a una corriente que no sabemos dónde lleva. Incluso incomprendido, sobre todo cuando ni nosotros mismos podemos comprendernos. La respuesta de los demás nos lleva y nos da confianza.