¿Qué hago con mis problemas?

Había contratado un carpintero para ayudarme a reparar mi casa. Él acababa de finalizar su primer día de trabajo y se había encontrado con varios problemas y dificultades inesperados, por lo que estaba preocupado y de mal humor. Decidí acompañarlo a casa en coche. Durante el trayecto permaneció en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia y yo acepté.

Nos dirigíamos a su casa cuando se detuvo frente a un precioso olivo centenario. Antes de entrar, tocó el tronco con ambas manos, cerrando los ojos. Después, cuando atravesó la puerta de su casa, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara sonreía plenamente. La energía había cambiado completamente. Después de la cena con su familia, me acompañó hasta el coche, así que pasamos nuevamente cerca del olivo. Sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo visto cuando entramos.

– Ese es mi árbol de los problemas – contestó. – Sé que no puedo evitar tener problemas durante el día, como hoy, pero no quiero traer estos problemas a mi casa. Así que, cuando llego aquí por la noche, cuelgo mis problemas en el árbol. Luego, por la mañana, cuando salgo de mi casa, los recojo otra vez. Lo curioso es – dijo sonriendo – que cuando salgo a recoger los problemas del árbol, ni remotamente encuentro tantos como los que recuerdo haber dejado la noche anterior.

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¿Y tú qué haces con tus problemas? ¿Permites que tomen el control de tu vida o eres tú quien los maneja? Cuesta colocar los problemas en un lugar de nuestra mente donde podamos retomarlos cuando tengamos la tranquilidad y la capacidad emocional necesarias para resolverlos. Sin embargo es importante aprender a hacerlo.

Cuando nos enfrentemos a ellos en el lugar y momento adecuados, no sólo podremos verlos de una manera distinta, más objetivamente, sino que podremos encontrar y aplicar una solución con mayor facilidad.

¿Puedes encontrar un ‘árbol’ para tus problemas?

Colaboraciones Diari De Rubí (2017)

En los siguientes enlaces podréis encontrar diferentes artículos con los que he colaborado en el Diari de Rubí.

 

Diari de Rubí

 

2017.03.03 T’importa gaire el que diguin de tu els altres

2017.03.10 El teu nen interior

2017.03.31 Aquí les coses sempre s’han fet així

2017.04.07 I si no em funciona la teràpia?

2017.05.05 La síndrome del burnout, cremats per la feina

2017.06.09 Es que no m’entens – terapia de parella

2017.06.23 El que costa es ser valent

2017.12.15 Gaudeix de les alegries sense por

¡No soporto verte brillar!

“Cuenta una fábula que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Esta huía rápido, con miedo, de la feroz predadora, y la serpiente al mismo tiempo no desistía. Huyó un día, dos días y la seguía. Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:

– ¿Puedo hacerte tres preguntas?

-No acostumbro a dar este precedente a nadie… pero como te voy a devorar, puedes preguntar- contestó la serpiente.

-¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

-¡No! – contestó la serpiente.

-¿Yo te hice algún mal?

-¡No! – volvió a responder la serpiente.

-Entonces ¿por qué quieres acabar conmigo?

– ¡Porque no soporto verte brillar!”

A veces no sabemos reconocer con qué intención nos están enfrentando otras personas. Hay quienes pueden perder el sueño y un valioso tiempo en entender por qué alguien quiere perjudicarlas. Pueden culparse a sí mismas pensando que hacen algo mal, que de alguna forma han dañado a alguien y que esa persona les ataca por alguna razón. Después de darle mil vueltas no encuentran respuesta, porque no valoran que lo que sucede puede ser algo tan natural como la envidia. La envidia es un sentimiento humano sin control, como todos, y cualquier persona es susceptible de sentirla. El problema, como siempre, es no saber manejarla.

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Cuantas veces escuchamos eso de “envidia sana”, en un intento de dulcificarla, de quitarle hierro. Pero no nos engañemos, la envidia es envidia, ni sana ni insana. Enferma cuando gobierna nuestras acciones y nuestra vida. Y sobre todo cuando nos lleva a perjudicar a otros.

La envidia nos da un pellizco cuando algo que desearíamos para nosotros lo consigue otra persona. Y lo queremos, lo queremos conseguir. Así de primario y de sencillo. Podemos hacer dos cosas ante este hecho: aceptarlo y aprovecharlo para que nos impulse a luchar con más fuerza por lo que deseamos; o dejar que nos envenene y nos lleve a odiar a la persona que lo ha conseguido, juzgándola injustamente, en vez de pararnos a pensar qué hemos hecho nosotros para conseguir lo que ella tiene.

Las personas que sufren fuertemente la envidia necesitan trabajar más su autonomía y autoestima, la que nos permite juzgarnos constructivamente para conseguir fijar nuestra energía en el objetivo y no echar la culpa a los demás o a causas externas por no conseguirlo.

Disfruta de las alegrías sin miedo

La alegría, aunque es la más positiva de las emociones, puede resultar la más complicada. Normalmente pensamos que no depende de nosotros sino que es algo que sucede de forma casual o caprichosa. A veces puede darnos un poco de miedo porque pensamos perderla si la compartimos. Parece que muchas veces debemos mantenernos pesimistas para evitar que se nos escape, como un ritual supersticioso.

Aunque nos parezca injusto que nos pasen cosas ‘malas’ y a veces nos dé la sensación de que estamos en una montaña rusa, no podemos tener una vida con aprendizaje y sentido sin un equilibrio entre alegrías y penas. El balance de ambas cosas es el camino necesario para realizarse.

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Toda experiencia de ganancia supone una alegría para nuestro sistema emocional y debemos disfrutar de todos nuestros logros, incluso de los que nos parecen insignificantes. La alegría, al contrario de la tristeza o la rabia, no disminuye al compartirla sino que se multiplica. No hay alegría más triste que la aquella que no se puede compartir. Ser capaz de encontrar lo problemático es una gran virtud, pero saber valorar las cosas buenas de la vida no es menos importante. Ser verdaderamente consciente de ello es la llave de la felicidad:

LAS LLAVES DE LA FELICIDAD

En una oscura y oculta dimensión del Universo se encontraban reunidos todos los grandes dioses de la antigüedad dispuestos a gastarle una gran broma al ser humano. En realidad, era la broma más importante de la vida sobre la Tierra.

Para llevar a cabo la gran broma, determinaron cuál sería el lugar que a los seres humanos les costaría más llegar. Una vez averiguado, depositarían allí las llaves de la felicidad.

-Las esconderemos en las profundidades de los océanos -decía uno de ellos-.

-Ni hablar -advirtió otro-. El ser humano avanzará en sus ingenios científicos y será capaz de encontrarlas sin problema.

-Podríamos esconderlas en el más profundo de los volcanes -dijo otro de los presentes-.

-No -replicó otro-. Igual que sería capaz de dominar las aguas, también sería capaz de dominar el fuego y las montañas.

– ¿Y por qué no bajo las rocas más profundas y sólidas de la tierra? -dijo otro-.

-De ninguna manera -replicó un compañero-. No pasarán unos cuantos miles de años que el hombre podrá sondear los subsuelos y extraer todas las piedras y metales preciosos que desee.

– ¡Ya lo tengo! -dijo uno que hasta entonces no había dicho nada-. Esconderemos las llaves en las nubes más altas del cielo.

-Tonterías -replicó otro de los presentes-. Todos sabemos que los humanos no tardarán mucho en volar. Al poco tiempo encontrarían las llaves de la felicidad.

Un gran silencio se hizo en aquella reunión de dioses. Uno de los que destacaba por ser el más ingenioso, dijo con alegría y solemnidad:

-Esconderemos las llaves de la felicidad en un lugar en que el hombre, por más que busque, tardará mucho, mucho tiempo de suponer o imaginar…

– ¿Dónde?, ¿dónde?, ¿dónde? -preguntaban con insistencia y ansiosa curiosidad los que conocían la brillantez y lucidez de aquel dios-.

-El lugar del Universo que el hombre tardará más en mirar y en consecuencia tardará más en encontrar: en el interior de su corazón.

Todos estuvieron de acuerdo. Concluyó la reunión de dioses. Las llaves de la felicidad se esconderían dentro del corazón de cada hombre.

Conseguir calma: practicar la conciencia plena

‘La vida es lo que nos sucede mientras planeamos el futuro’ – J.Lennon

La conciencia plena (también conocida como mindfulness) consiste en la práctica de unas técnicas que permiten focalizarse en el presente, en el aquí y ahora, y alejarnos de los pensamientos y sentimientos que nos molestan o perturban. La base es realmente sencilla y casi tan antigua como el ser humano, ya que sus raíces se remontan a hace más de 5000 años: es el fundamento de la meditación.

Meditar, tomar esa conciencia plena, es permitir a nuestros pensamientos expresarse sin juzgarlos y sin influir en ellos. Muchas veces se confunde con intentar ‘no pensar en nada’, que es realmente complicado o casi imposible. Nuestra mente no está capacitada para actuar en negativo, para ‘no hacer nada’, así que debemos darle órdenes en positivo para que nos obedezca y nos permita hacer algo diferente. Se trata de descansar la mente dejándola fluir libremente ¿Es realmente posible?

meditacion y mindfulness

El objetivo es reducir el ruido mental que provoca a largo plazo el estrés, pero sobretodo estar en contacto con nosotros mismos. Además de mejorar la actividad de nuestro cerebro, permitirnos un momento para escucharnos y contactar con nuestro interior. Librarnos por un momento de nuestras expectativas y exigencias, dejar de machacarnos con el pasado y de preocuparnos por el futuro y ocuparnos del presente.

No olvidemos que la vida se construye cada día, y sólo tú sabes lo que necesitas, deseas y sueñas. Escucha tu interior y atrévete a contactar con tu voz en el silencio.

Los estudios neurológicos demuestran que la práctica de unas sencillas técnicas de focalización nos entrena para poder conseguirlo. Si lo ves complicado o te gustaría entrenarte en su práctica, no dudes en consultar. Más allá de tratar un problema específico, puede mejorar tu calidad de vida.

NO HACEMOS MÁS QUE DISCUTIR…

Esto no es por ti, esto no es por mí. Es por nosotros. No es por lo que tú entiendas o lo que yo entienda, va más allá de lo que queramos entender. Hay una realidad por solucionar que está más allá de lo que pueda molestarnos, enfurecernos o confundirnos. No tiene que ver sólo con lo que nos haga sentir, sino con lo queremos conseguir juntos.

Si vamos a discutir, que sea por algo que merezca la pena. Si vamos a romper la relación que sea de verdad para que cada uno sea más feliz por separado. Pero desde el nosotros y no sólo desde mi rabia o mi frustración. Primero hay que negociar, desde lo que estamos dispuestos a perder y no según lo que queramos ganar. Discutir es estar dispuesto a ponerse de verdad en los argumentos del otro, aunque pueda convencerme, aunque pueda convencerle. Pelearse es sano si el deseo es no acatar, no conformarse, no renunciar, sino evolucionar.

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Si quiero que lo veas como yo, te voy a obligar a ponerte por principio en contra. Peleo para mejorar y para oír mi fuerza, pero también para ver la tuya. Usar la fuerza de la discusión para que todo tenga una solución, no para que tengamos más problemas.

Y más allá de hablar, hay que hacer. Cambiar, arriesgar. Que tú hagas lo que yo necesito, que yo pueda probar tu solución. Y luego decidimos. Si te quedas sólo por ganar el problema se agranda. Pero la solución no puede pasar sólo por romper.

Sexualidad masculina: ¿qué me está pasando?

Cuando nos planteamos un problema sexual siempre resulta angustioso y puede que desconcertante ¿Por qué me pasa esto a mí? En el caso de los hombres puede costar un poco más pedir ayuda porque, por motivos sociales, a menudo se siente como más vergonzoso o da más miedo afrontarlo. Pero si no se aborda, puede afectar mucho a otras áreas de la vida y traer otras dificultades. Normalmente empieza a haber problemas para relacionarse con otras personas y establecer vínculos de cualquier tipo. Se puede llegar a evitar las relaciones sociales para evitar la tensión, el sentimiento de vergüenza y el miedo al juicio tanto ante el entorno como ante potenciales parejas.

Problemas ereccion

Una de las disfunciones más frecuentes se encuentra en la erección, ya sea porque el pene no llega a tener la dureza y el tono suficiente para conseguir la penetración, como porque no se pueda mantener durante suficiente tiempo como para lograr satisfacción (en el hombre o en la pareja). Este problema puede ser debido a tres causas:

  • Causa orgánica: problema físico, mecánico, sobre algún órgano o el sistema circulatorio. Debe ser revisado previamente por un médico y aplicar las soluciones necesarias (medicación, cambio de hábitos de salud, cirugía, etc.)
  • Causa emocional: La relación sexual es el escenario donde se puede mostrar otro espacio de la vida (estrés, mala relación de pareja, baja autoestima, perfeccionismo, etc.)
  • Momento vital: Duelos, rupturas de pareja, problemas laborales i/o familiares, crisis personal.

A veces estas causas se combinan. Puede que la causa no sea consciente para la persona o que, sin embargo, haya alguna intuición sobre el motivo. La cuestión es que el problema debe abordarse desde diferentes puntos a la vez para conseguir una solución duradera y estable, y así conseguir bienestar y el disfrute relajado de las relaciones sexuales.

El trabajo en terapia sexual pasa porque se pueda comprender por qué está sucediendo este problema, cual es el sentido de la disfunción, se ayude a rebajar la angustia y se pueda dar información para aprender más sobre el funcionamiento del cuerpo y de la sexualidad.

disfucion erectil

Para los hombres a veces es difícil pedir ayuda y reconocer este problema, pero sigue generando sufrimiento y frustración cuando no se habla y no se trata. Aunque parezca sorprendente, este problema en la erección es más frecuente de lo que se piensa. Por suerte tiene tratamiento, así que no lo dudes, no tienes por qué conformarte.

‘La vida de Calabacín’ – Gestionar el ‘abandono’

El miedo al abandono es un hándicap para muchas personas a la hora de tener una relación sana. Aferrarse con angustia a otra persona es el síntoma principal, aunque esa persona ya no nos quiera o no nos aporte, incluso nos maltrate, no podemos considerar que se vaya de nuestra vida. Muchas personas no saben cuál es el motivo por el que viven sus relaciones personales con ansiedad ante la separación, ya sea temporal o definitiva. En muchos casos, se debe a dificultades en el apego en la infancia. El apego es un instinto básico de supervivencia que nos liga a otros seres humanos. Nuestros padres son en esencia los responsables de ayudarnos a gestionarlo y a interpretar las emociones que genera, pero nuestras experiencias vitales también marcan como viviremos nuestros sentimientos.

Miedo al abandono

Relacionado con este tema, hoy quiero hablaros de la película ‘La vida de Calabacín’. Con este nombre en apariencia tan inocente, la historia sobre una casa de acogida para niños con problemas familiares se cuela con mucho tacto en el corazón. Habla de cómo afrontar la soledad en todas sus crudas versiones. Lo que más me ha gustado de esta película es la manera directa y sin adornos de representar una realidad tan dura y sin embargo no recrearse en lo más oscuro. La vivencia del abandono de cada uno de los niños, sus estrategias de supervivencia que se activan desde tan pequeños, genera una conmovedora reflexión.

Una increíble manera de presentar la orfandad, una película tierna pero a la vez muy adulta sobre la exclusión y el abandono.  Es muy recomendable verla y dejarse contagiar por su ternura infantil y su sencillez narrativa. Así son las cosas, nada más.

¿Se puede superar una infidelidad?

La infidelidad suele ser uno de los problemas principales que pueden afrontar las parejas. La vida en común suele ser una negociación continua y es lógico que pueda haber malentendidos y discusiones, pero cuando nos encontramos ante el hecho de que nuestra pareja ha compartido con otra persona un espacio de intimidad (en la medida que sea) nos podemos sentir bloqueados y sin saber qué hacer. Los sentimientos de rabia hacia el otro, la sensación de traición y la deslealtad nos invaden y podemos entrar en un círculo vicioso en el que la relación quede parada porque no lo queremos dejar pasar, pero tampoco queremos estar mal. Muchas veces las mismas ideas se presentan una y otra vez en nuestra mente:

  • ¿Tengo que ‘lanzar por la borda’ toda una vida o mi familia por esto?
  • ¿Puedo llegar a perdonar esto y volver a tener una pareja feliz?
  • ¿Podré volver a confiar en mi pareja? ¿Lo volverá a hacer?

Infidelidad

Con frecuencia aparecen preguntas que pueden llevarnos a sentir celos, inseguridad y a buscar venganza. No tenemos por qué sentirnos culpables por eso, pero tenemos que saber cómo gestionar estos sentimientos para no hacernos más daño o empeorar las cosas. También es contraproducente mirar hacia otro lado y negar la evidencia. Reconocer lo que está pasando, tener respeto por nuestros sentimientos y buscar una manera de solucionarlo es el camino adecuado a largo plazo.

No hay respuesta para todo el mundo. Es lógico que cuando nos han herido nos sintamos tristes, rabiosos y con desesperanza hacia el futuro, pero eso no quiere decir que no se pueda superar una infidelidad. Hacer una terapia de pareja nos puede ayudar a analizar la situación, reparar los daños y las heridas y plantearnos un camino hacia la reconciliación. No podemos aferrarnos a la idea de que no se puede arreglar ni tampoco a la contraria. La cuestión más importante para superarlo es centrarnos en sanar nuestros pensamientos y reconciliarnos con esa persona que ha compartido tanto de nuestra vida, tanto si rompemos como si no. Es un proceso por nuestro propio bien y el de nuestros hijos y familia. Ir a terapia nos ayudará, si queremos, a superarlo juntos o separados.