Abuso emocional: el perspecticidio o ‘lavado de cerebro’

Perspecticidio, la muerte de la perspectiva. Se dice de la situación de abuso emocional en la que la víctima pierde su perspectiva para aceptar la de la parte abusadora como propia. Se empezó a utilizar para referirse a los prisioneros de guerra, y también para las personas atrapadas en cultos y sectas.

La propia perspectiva está compuesta por la moral y ética, ideas políticas y religiosas, opiniones y criterios propios que toda persona tiene derecho a tener y que rigen su manera de pensar y actuar. Cuando una relación no es sana, y en vez de ser igualitaria se establece un vínculo dominante – pasivo, en el que el dominante busca controlar y someter al otro, el síntoma más visible es esta pérdida de la perspectiva. No me refiero a la influencia natural que se da entre personas que tienen una relación íntima de amor o amistad, sino a un abuso psicológico que se basa en el fenómeno de la luz de gas, manipulación, control y posiblemente maltrato.

La persona víctima de este abuso empieza a dudar de que sus ideas, opiniones y metas tengan sentido, sean inteligentes o respetables, porque la persona abusadora le hace creer que las suyas son las buenas, realistas o aceptables. De esta manera, la víctima ya no sabe lo que sabe, y acaba siendo dependiente del abusador, a quien cree más capaz de decidir lo que es mejor para ella.

El camino hacia el perspecticidio es progresivo en intensidad y se va adueñando de más áreas de la relación a medida que se prolonga en el tiempo. Algunas muestras de que está sucediendo son las siguientes:

  • El abusador marca la agenda: decide qué cosas, cuando y como se deben hacer, tanto para la vida común como para la individual de cada uno. Aquí también se incluye como la víctima debe pasar su tiempo libre o qué debe gustarle y que no, sus aficiones y gustos.
  • El abusador hace referencias constantes negativas de la víctima que van minando su autoestima, haciéndola sentir inferior o insuficiente, como, por ejemplo: ‘estás gorda/o’, ‘eres poco inteligente’, ‘tú de eso no sabes’, ‘tienes mal gusto’, ‘eres torpe’, ‘menos mal que me tienes a mi’, etc.
  • El abusador decide de qué manera debe vestirse o comportarse la víctima, y va marcando su vida social, mostrando disgusto por todas las personas de su entorno para aislarla y que no tenga opiniones externas a las suyas. Puede molestarle también que la víctima tenga un trabajo y pueda ser independiente.
  • El abusador decide lo que es el amor y la relación correcta y lo que no, y pone a prueba a la víctima con premisas abusivas y desproporcionadas, como, por ejemplo: ‘si me quisieras de verdad, no querrías a nadie más en el mundo/no harías cosas que no me gustan/estarías siempre conmigo/me cogerías el móvil siempre que te llamo/no irías con tus amigos y me dejarías solo-a, etc.

Las personas víctimas de perspecticidio pueden no ser conscientes de que algo va mal, ya que cada vez más atrapadas en su dependencia emocional, acaban desorientadas dentro de sus ideas, dudando de su propio malestar. A menudo se sienten angustiadas o preocupadas por si han hecho algo mal, y viven con temor constante a la reacción que pueda tener su abusador a cada acción que toman. Esta confusión puede verse acrecentada por la ambivalencia del abusador, que puede pasarse de la raya y luego volver siendo extremadamente cariñoso-a y efusivo-a a la hora de hablar del gran amor que siente por la víctima y lo mucho que la necesita, cerrando en círculo de la manipulación.

Si te sientes representado-a por alguna de estas situaciones, puedes estar siendo víctima de abuso emocional. Si necesitas ayuda para salir de esta dependencia, no dudes en pedir tu consulta psicológica.

¿Qué es la tríada oscura?

La tríada oscura, con ese nombre de película de acción, describe a ese perfil de personas con las que nos podemos cruzar en nuestra vida cotidiana, sin saber que pueden causarnos sufrimiento y daño psicológico (y en ocasiones físico) Hay personas que acuden a terapia por problemas en sus relaciones o directamente por problemas de autoestima, que no son conscientes de haberse cruzado con algunos representantes de esta tríada peligrosa.

Cuando hablamos de la triada oscura, no nos estamos refiriendo a un trastorno de la personalidad, o una enfermedad mental, sino a un conjunto de rasgos subclínicos que definen un tipo de comportamiento adverso y perjudicial para la sociedad. El resultado da personas con tendencias a ser insensibles, poco empáticas, egoístas, manipuladoras y malévolas con las demás personas.

La tríada está compuesta por tres rasgos dañinos de la personalidad como son el narcisismo, el maquiavelismo y la psicopatía. Y no se presentan únicamente en delincuentes o asesinos, sino que son propios de personas que pueden tener una gran relevancia y admiración social ¿Cómo podemos reconocerlos? Aquí vemos algunas características:

Narcisistas: son personas vanidosas, se sienten superiores a las demás y creen que hay personas indignas de su atención; sólo hablan de sí mismas y sus intereses, y se jactan de su belleza, inteligencia, posesiones materiales o experiencia, despreciando más o menos sutilmente las de los demás. Son egocéntricas, solo importan sus necesidades y deseos. Los demás siempre son los malos, sobretodo porque son muy susceptibles a las críticas, o comentarios que intuyen como críticas.

Maquiavélicos: Son emocionalmente fríos, no expresan sus sentimientos ni muestran conmoverse con los de los demás. Son cínicos ante la sensibilidad, las normas sociales y las conductas morales, ya que consideran ‘tontos o débiles’ a los que intentan actuar bien. Se mueven sólo por sus propios intereses, y pueden llegar a ser agresivos verbal o físicamente si no consiguen sus objetivos por la buenas, aunque ello suponga herir o perjudicar a los demás.

Psicópatas: Se consideran los más peligrosos. Son capaces de hacer cualquier cosa para conseguir sus objetivos, aunque esto suponga engañar, mentir, embaucar, manipular, estafar, robar, injuriar y hacer daño a las personas. Pueden fingir relacionarse emocionalmente, ya que entienden la emoción y pueden imitarla, pero no sienten remordimiento, culpa ni vergüenza. Pueden fingir amor, amistad, compañerismo o compasión sin sentirlo, si la situación lo requiere, para conseguir lo que desean. No les importan en absoluto los sentimientos de los demás.

Los tres subgrupos pueden compartir rasgos, aunque podemos notar diferencias, sobretodo entre el maquiavelismo y la psicopatía. Las personas con tendencias psicopáticas suelen tener un encanto personal que les da un atractivo envolvente, y suelen usarlo para favorecerse en primera instancia, mientras los maquiavélicos suelen ser más fríos o duros, y más impulsivos, mostrando más rápidamente su agresividad y frustración, y usando su dominancia.

Las personas con una tendencia más sumisa, con más miedos e inseguridades, y con una baja autoestima, son sus víctimas propicias, y es más fácil que acaben mal bajo su influencia. A menudo estos rasgos son claramente visibles y otras son más sutiles y difíciles de reconocer. Cuando una persona emocionalmente frágil es manipulada por una persona con estos rasgos, es fácil que acabe preocupándose de si será ella la culpable de estas actitudes.

¿Alguna vez te has sentido así? ¿Crees que alguien de tu entorno presenta uno o más de estos rasgos?

Tips para romper una relación

Los consejos sentimentales suelen ser como los ombligos, todos tenemos y nos sirven para poco. Cuando nos encontramos incómodos en una relación, empezamos a tener comportamientos para demostrarlo que muchas veces ayudan a dejar salir nuestra frustración pero ayudan poco a mejorar la situación. A causa de creencias sobre el amor, nos empezamos a frustrar, e iniciamos una espiral de discusiones y situaciones que sólo contribuyen a que estemos cada vez peor. Quizá puedas reconocerte o reconocer a alguien entre las siguientes soluciones que toman algunos/as cuando empiezan a sentir la crisis del amor:

– Procura discutir siempre cuando veas que tu pareja está de mal humor, ha tenido un mal día o está especialmente cansado/a. Estará muy receptivo/a y abierto/a a compartir ‘opiniones’.

– Aprovecha cualquier situación para incluir un comentario irónico y punzante que demuestre tu rencor, sobretodo en público.

– Una vez hayas empezado a discutir, aprovecha la ocasión para sacar todos los temas por los que te sientes molesto/a en los últimos meses.

– Recuerda constantemente a tu pareja lo que ya le habías ‘perdonado’.

– No olvides remarcar sus defectos y darle repetidamente consejos sobre cómo cambiarlos. No le recuerdes lo que hace bien (porque eso ya lo sabe)

– Espera algo de él/ella pero no se lo pidas. Aguarda pacientemente a que se equivoque y hazle reproches por decepcionarte.

– Confía una y otra vez en que aprenderá a leerte el pensamiento a base de broncas. Todo el mundo sabe que es más útil que hablar abiertamente de tus deseos y necesidades.

– Ante todo, jamás des un paso atrás o reconozcas tus errores. Ganar todas las discusiones es imprescindible, no bajes la guardia y tómalo todo como una batalla.

Un consejo quizá no es algo muy útil, así que solo te animo a la reflexión acerca de estos ‘tips’ que definitivamente acaban minando una pareja.

Durante este periodo vacacional, en el que seguramente pasarás más tiempo con tu pareja, considera si hay algo de esta lista que puedas revisar para darle (y daros) un regalo duradero y enriquecedor: una relación más sana.

¿Cómo estás?

¿Cómo estás? ¿Qué me contestas? Es una pregunta frecuente, habitual, cotidiana. A veces la hacemos sin pensar y también la contestamos sin pensar ¿Qué respondemos habitualmente? Normalmente decimos ‘bien’ o ‘mal’. Blanco o negro. Adecuado para abreviar cuando nos cruzamos con alguien por la calle, pero no para describir. Muchas veces nos faltan las palabras que dan ese matiz tan importante que es la información más valiosa.

Cómo nos sentimos y cómo nos gustaría sentirnos nos da casi toda la información necesaria para tomar decisiones en nuestra vida. Bien y mal no describen prácticamente nada, no tienen mucha información que sea útil.

Conocer nuestros matices, todos los estados de ánimo que vivimos, reconocerlos y experimentarlos, nos hace ser testigos de nuestra propia vida, vivirla con más intensidad. Aceptarlos sin juicios nos ayuda a vivir con más consciencia y también con más autonomía.

Estamos influenciados por una cultura donde la razón debe prevalecer a la emoción, como si ésta fuera accesoria y nos despistara, cuando en realidad es una información genuina y auténtica que no podemos forzar. Es imposible obligarte a sentir alegría o tristeza, o cualquiera de sus construcciones (amor, rencor, serenidad, frustración…) aunque puedas fingirla, no te puedes obligar a sentirla. Sin embargo, las ideas se pueden modificar tantas veces como sea necesario, son más maleables y adaptables. ¿Por qué entonces nos negamos a escuchar nuestras emociones? Muchas veces nos están dando una información valiosísima de lo que está pasando en nuestra vida: qué necesitamos, qué deseamos hacer, hacia dónde dirigirnos…

Es por este motivo que cada vez se está reconociendo más la importancia de la Inteligencia Emocional, es decir de nuestra capacidad para reconocer y gestionar de forma sana nuestras propias emociones y las de los demás. Y para ello hay que repasar la paleta de colores emocionales en la que nos movemos en nuestra vida. Si hicieras una lista de palabras que describan emociones ¿Cuántas diferentes podrías poner? ¿Cuántas diferentes has experimentado?

Sentir y expresar no te hace más vulnerable, al contrario, puede hacerte más sabio. Y si tienes dificultades con las emociones, quizá podrías trabajar en ellas a través de la terapia.

Aceptar el valor de un no

El estrés tiene un motivo principal, y suele ser el abarcar demasiado, más de lo que es materialmente posible. Cuando sobrepasamos nuestras fuerzas, multiplicamos horas inexistentes y aceptamos demasiados compromisos lo podemos pagar con insomnio, ansiedad o problemas cutáneos o intestinales. Solemos asociarlo al trabajo, pero también es extensible a nuestra vida privada. También cuando sea fin de semana o periodo vacacional no olvides que el tiempo de descanso es para ti y tus gustos/necesidades. Puede que sientas mucha presión para aceptar compromisos familiares y sociales que realmente no te apetezcan. Te dejo algunos consejos para que revises cómo afrontarlo:

valor-no

– Deja hablar. Cuando alguien te pida algo, déjale hablar sin interrumpirlo. Escúchalo con interés y evalúa que te está pidiendo. Luego decide si quieres hacerlo.

– Di no de forma clara y directa. Utiliza frases en primera persona como “yo prefiero”, “yo quiero”, “me apetece más hacer…”, etc.

– Tómate tiempo. Si te cuesta decir que no a la primera o estás dudando si te conviene aceptar, di que necesitas tiempo para pensarlo y tómatelo. Pueden ser unos minutos o varios días, valora tus prioridades y haz lo que te conviene y te gusta.

– No te justifiques. Una vez decidido, no des excusas ni justificaciones. Si crees necesaria una explicación, acompáñala de razones (cuestiones objetivas y claras) no de pretextos (excusas generales o mentiras)

– Ante la insistencia: Si a pesar de haberlo dejado claro, la otra persona sigue pidiendo tu colaboración, mantente en el no. Se recomienda utilizar la técnica del disco rayado con frases como “sé que te gustaría que yo… pero ya te he dicho que no”. Y lo repites mientras sea necesario.

– Sugiere alternativas. En algunos casos, es efectivo proponer un plan B: “Yo no puedo hacerlo, pero quizá si preguntas a/en…” o dar una variación que a ti te vaya bien, por ejemplo “Hoy/Mañana/ahora no es posible pero en otro momento sí”.

– Sigue firme. No cedas. Si continúa insistiendo, pide que no lo haga y di qué harás: “Si sigues así yo…me iré/colgaré/me siento poco respetado/desvalorizado”

Recuerda que la dinámica de la asertividad es de dos direcciones. Si tú aceptas el no, la limitación del otro, te será más fácil que los demás también lo acepten por tu parte. Puedes empezar a establecer dinámicas más sanas por ti mismo. Y si tienes problemas para hacer esto, recuerda que la terapia puede ayudarte.

Sacrificio no es sinónimo de amor

¿Por qué sacrificio y amor deben compartir nuestras relaciones? Nuestra sociedad nos hace creer desde muy temprana edad que querer a alguien es renunciar y sufrir, porque si es fácil no es amor. Crecemos sin cuestionarnos nada al respecto, rodeados de películas, canciones y mitos que nos refuerzan la idea de que tenemos que adaptarnos a la pareja, dejar nuestra vida anterior a conocerla y priorizarla por encima de todo, como si ya no pudiéramos ser si no está. Pero esto no es necesario ni sano, hay otras cosas que tendríamos que valorar:

designecologist-557571-unsplash

– Amor y fusión no son la misma cosa. La fusión supone perder la propia forma y no es necesario para querer a alguien.

– Amar es respetar. Te querrán por lo que eres no por la idea que tengan en su mente de cómo debes ser.

– La intimidad no es negociable. Eres dueño/a de tus pensamientos, sentimientos, ideas y acciones.

– El control no es amor, es una muestra de celos y los celos no son sanos.

– No se trata de decir si no de hacer. El amor se nota en el comportamiento cotidiano no en las muestras arrebatadas esporádicas.

– Se puede querer mucho, muchísimo y querer mal. No es incompatible.

– El amor se elige todos los días. Es elegir quedarse. No hay necesidad de continuas muestras y pruebas ‘de fuego’, ni demostraciones límite.

Pero sobre todas las cosas, la más importante es sentirse conforme y coherente estés en la relación que estés. No es cuestión de enjuiciar la relación, sino elegir libremente sin adoctrinamiento y con reflexión. Revisa cómo estás en tu relación y date un minuto para respirar y sentir que responde tu cuerpo. No debe haber obligaciones ni castigos. Asegúrate que estás justo dónde sientes que quieres estar.

osho

Ser una persona normal

La palabra ‘normal’ se usa como si fuera un término realmente universal y no hubiera duda de que, al usarlo, todo el mundo sin excepción supiera a qué se refiere exactamente. Y hay tantos tipos de normalidad como personas. Lo que pasa es que la mayoría finge delante de los demás que no es raro, excéntrico o diferente ¿Por qué? ¿Por qué nos preocupa tanto no destacar? Tenemos que ser y hacer lo que todo el mundo hace, y que todo el mundo se entere de que es así (recuerda publicarlo en redes sociales) no sea que piensen que no eres normal.

Primero me gustaría dejar claro que, a pesar de lo que se pueda pensar, normal únicamente significa que pertenece a una parte de la distribución estadística dónde se acumulan datos – vamos, donde se sitúa la mayoría. Pero bajo ningún concepto eso es un juicio de valor, no significa ni bueno ni malo, sólo lo que es costumbre. Que mucha gente tema salirse de la línea se debe a que desde pequeños muchas veces nos vemos señalados por no hacer lo que las normas nos dicen: ‘Los caballos no son rojos y verdes, vuélvelo a pintar’, ‘el uniforme no es reversible, hay una forma de llevarlo’, ‘los errores se señalan en rojo, los aciertos en verde’, ‘el tema libre son las vacaciones’, etc. Condicionados desde el nacimiento, marcados con un bolígrafo rojo desde la cuna. Cuando nos salimos de línea hay miedo, podemos cometer un error y que todos nos señalen. Pero sólo las personas que se salen de la línea hacen algo un poco productivo por la humanidad o al menos lo intentan. Innovan, buscan otras posibilidades, procuran encontrar respuestas.

ser normal

Por desgracia, los acontecimientos de la actualidad nos demuestran lo poco que hemos cambiado en los últimos diez mil años para seguir actuando como es normal y sentirnos a salvo del dedo señalador. No te engañes, la norma es opcional, es una guía. Como adulto puedes decidir seguirla o no (los niños no tienen esa suerte…) Además, hay una gran noticia: al nacer, ya eres especial ¡no hay que hacer nada! A nadie le gusta ser un robot en el montón. Tú unicidad te define, no tienes nada de qué avergonzarte.

A propósito de este tema, te dejo el vídeo de la entrevista a la directora de una película de humor con un mensaje directo y muy tierno. «Requisitos para ser una persona normal» de Leticia Dolera.

¡Di basta!

Cada vez que dices “no me ha costado nada”, mientes. Cada vez que dices “da igual, ya me lo compensará” sabes que peor aún, te mientes a ti mismo. Cada vez que te das un poco más, sin valorar tu verdadera contribución a lo que haces, das una sonora bofetada a tu autoestima. Es el tipo de situaciones que repiten aquellas personas que sienten que dan más de lo que reciben. Probablemente es en realidad así, dan y dan esperando que se les reconozca en algún momento su contribución, y sin embargo reciben sólo frustración a cambio.

decir basta

Muchas personas llegan a terapia con un problema que explican como “me bloqueo, tengo mucho que hacer” o “tengo que gestionarme mejor, no tengo tiempo”. En ocasiones es una cuestión de organización. Pero la mayor parte de las veces es más bien cuánto abarcas y cuanto aprietas. Con frecuencia son personas que se juzgan duramente por no llegar a ‘todo’. Su ‘todo’ es un mínimo que para la mayoría sería un máximo. Lo que pasa es que no se permiten decir que no a nada por lo que vayan a pensar los otros si les dicen simplemente ‘no, no puedo’. Temer perder el afecto-aceptación-atención de los demás motiva a muchas personas a vivir teniendo que satisfacer las necesidades ajenas sin escuchar nunca las propias. Son personas que con frecuencia sufren de ansiedad, bajo ánimo, ideas de las que no se pueden desprender, falta de sueño. Su cuerpo les va indicando que no puede más y no entienden el mensaje porque están programadas para continuar con su misión: cumplir, agradar, recibir aprobación, no fallar.

¿Cuántas veces se plantean qué reciben a cambio? Es fácil que cualquiera pueda abusar de una persona que no es capaz de respetar sus propios límites. No es sólo ser bueno, también es dejar que te tomen el pelo. No es mala educación ni falta de sensibilidad ni egoísmo ni debilidad. Decir basta es una cuestión de respeto hacia uno mismo. Y al decirlo, nace un halo que provoca mágicamente el respeto de los demás. Como dice la sabiduría popular “si no te valoras tú, nadie lo hará”. Ponle ‘precio’ a tu contribución porque sí te ha costado hacerla.

Mejorar la satisfacción en la pareja

A menudo tenemos ideas sobre las relaciones de pareja que pueden llevarnos a tener problemas constantes, discusiones y sentimientos de insatisfacción o infelicidad. Las creencias sobre el amor romántico en las que nos educan suelen ser las responsables de que tengamos unas expectativas sobre las relaciones poco realistas e insanas. Las relaciones sólo deben basarse en una atracción natural, respeto mutuo y proyecto común. Si podemos llegar a un acuerdo que contenga tu felicidad y la mía, será un éxito. Si quiero que cumplas con la idea que hay en mi cabeza, probablemente será un fracaso. Si estás pasando una crisis en tu relación, quizá te pueda ir bien repasar algunos puntos:

  • El mito de la media naranja: Parte de la idea de que estamos incompletos y la pareja tiene que completarnos. Si tenemos clara la idea de que mantener la individualidad e igualdad es imprescindible para la salud de la pareja, no buscamos imposibles.
  • Tenemos que hacerlo todo juntos: ¿Por qué? Es positivo para la relación que tengamos nuestro espacio y luego lo podamos compartir, no perdamos contacto con nosotros mismos y el exterior. Aire, frescura y quizá un punto de ligera añoranza son positivas para la relación.

6f8fe1b283d20ad2e49a5ef3e543f793

  • Todo debe continuar como al principio: Realmente es imposible. A medida que vaya pasando el tiempo habrá cosas que se extingan para dar lugar a otras nuevas. Si te resistes a este conocimiento profundo del otro y la aceptación de los cambios inherentes a la vida te generas dudas y sufrimientos innecesarios.
  • Tú me tienes que hacer feliz: Demasiada responsabilidad para el otro ¿no? Tu felicidad es tu proyecto de vida, la respuesta está en ti. Otra persona no puede dártela si tú no trabajas en ella. Si la relación no te hace feliz, puede que estés buscando en el lugar equivocado.
  • ‘Soy tuyo/a’ o nos pertenecemos: Las personas no somos propiedades, no necesitamos un dueño. Tener una actitud paternalista es peligroso porque es fuente de control, celos, chantajes y mal trato psicológico. Del respeto a la posesión hay un abismo.

La convivencia es algo complejo, pero con una base confianza y buena comunicación la satisfacción con la pareja mejora mucho. Si olvidamos la idea ser la ‘pareja perfecta’ y nos limitamos a caminar junto a una persona que nos gusta y nos aporta cosas positivas será una experiencia enriquecedora.

Si crees que no lo consigues, la terapia puede ayudarte a resolver tus dudas.

¡No soporto verte brillar!

“Cuenta una fábula que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Esta huía rápido, con miedo, de la feroz predadora, y la serpiente al mismo tiempo no desistía. Huyó un día, dos días y la seguía. Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:

– ¿Puedo hacerte tres preguntas?

-No acostumbro a dar este precedente a nadie… pero como te voy a devorar, puedes preguntar- contestó la serpiente.

-¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

-¡No! – contestó la serpiente.

-¿Yo te hice algún mal?

-¡No! – volvió a responder la serpiente.

-Entonces ¿por qué quieres acabar conmigo?

– ¡Porque no soporto verte brillar!”

A veces no sabemos reconocer con qué intención nos están enfrentando otras personas. Hay quienes pueden perder el sueño y un valioso tiempo en entender por qué alguien quiere perjudicarlas. Pueden culparse a sí mismas pensando que hacen algo mal, que de alguna forma han dañado a alguien y que esa persona les ataca por alguna razón. Después de darle mil vueltas no encuentran respuesta, porque no valoran que lo que sucede puede ser algo tan natural como la envidia. La envidia es un sentimiento humano sin control, como todos, y cualquier persona es susceptible de sentirla. El problema, como siempre, es no saber manejarla.

abuso-emocional-envidia

Cuantas veces escuchamos eso de “envidia sana”, en un intento de dulcificarla, de quitarle hierro. Pero no nos engañemos, la envidia es envidia, ni sana ni insana. Enferma cuando gobierna nuestras acciones y nuestra vida. Y sobre todo cuando nos lleva a perjudicar a otros.

La envidia nos da un pellizco cuando algo que desearíamos para nosotros lo consigue otra persona. Y lo queremos, lo queremos conseguir. Así de primario y de sencillo. Podemos hacer dos cosas ante este hecho: aceptarlo y aprovecharlo para que nos impulse a luchar con más fuerza por lo que deseamos; o dejar que nos envenene y nos lleve a odiar a la persona que lo ha conseguido, juzgándola injustamente, en vez de pararnos a pensar qué hemos hecho nosotros para conseguir lo que ella tiene.

Las personas que sufren fuertemente la envidia necesitan trabajar más su autonomía y autoestima, la que nos permite juzgarnos constructivamente para conseguir fijar nuestra energía en el objetivo y no echar la culpa a los demás o a causas externas por no conseguirlo.