Aceptar el valor de un no

El estrés tiene un motivo principal, y suele ser el abarcar demasiado, más de lo que es materialmente posible. Cuando sobrepasamos nuestras fuerzas, multiplicamos horas inexistentes y aceptamos demasiados compromisos lo podemos pagar con insomnio, ansiedad o problemas cutáneos o intestinales. Solemos asociarlo al trabajo, pero también es extensible a nuestra vida privada. También cuando sea fin de semana o periodo vacacional no olvides que el tiempo de descanso es para ti y tus gustos/necesidades. Puede que sientas mucha presión para aceptar compromisos familiares y sociales que realmente no te apetezcan. Te dejo algunos consejos para que revises cómo afrontarlo:

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– Deja hablar. Cuando alguien te pida algo, déjale hablar sin interrumpirlo. Escúchalo con interés y evalúa que te está pidiendo. Luego decide si quieres hacerlo.

– Di no de forma clara y directa. Utiliza frases en primera persona como “yo prefiero”, “yo quiero”, “me apetece más hacer…”, etc.

– Tómate tiempo. Si te cuesta decir que no a la primera o estás dudando si te conviene aceptar, di que necesitas tiempo para pensarlo y tómatelo. Pueden ser unos minutos o varios días, valora tus prioridades y haz lo que te conviene y te gusta.

– No te justifiques. Una vez decidido, no des excusas ni justificaciones. Si crees necesaria una explicación, acompáñala de razones (cuestiones objetivas y claras) no de pretextos (excusas generales o mentiras)

– Ante la insistencia: Si a pesar de haberlo dejado claro, la otra persona sigue pidiendo tu colaboración, mantente en el no. Se recomienda utilizar la técnica del disco rayado con frases como “sé que te gustaría que yo… pero ya te he dicho que no”. Y lo repites mientras sea necesario.

– Sugiere alternativas. En algunos casos, es efectivo proponer un plan B: “Yo no puedo hacerlo, pero quizá si preguntas a/en…” o dar una variación que a ti te vaya bien, por ejemplo “Hoy/Mañana/ahora no es posible pero en otro momento sí”.

– Sigue firme. No cedas. Si continúa insistiendo, pide que no lo haga y di qué harás: “Si sigues así yo…me iré/colgaré/me siento poco respetado/desvalorizado”

Recuerda que la dinámica de la asertividad es de dos direcciones. Si tú aceptas el no, la limitación del otro, te será más fácil que los demás también lo acepten por tu parte. Puedes empezar a establecer dinámicas más sanas por ti mismo. Y si tienes problemas para hacer esto, recuerda que la terapia puede ayudarte.

Sacrificio no es sinónimo de amor

¿Por qué sacrificio y amor deben compartir nuestras relaciones? Nuestra sociedad nos hace creer desde muy temprana edad que querer a alguien es renunciar y sufrir, porque si es fácil no es amor. Crecemos sin cuestionarnos nada al respecto, rodeados de películas, canciones y mitos que nos refuerzan la idea de que tenemos que adaptarnos a la pareja, dejar nuestra vida anterior a conocerla y priorizarla por encima de todo, como si ya no pudiéramos ser si no está. Pero esto no es necesario ni sano, hay otras cosas que tendríamos que valorar:

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– Amor y fusión no son la misma cosa. La fusión supone perder la propia forma y no es necesario para querer a alguien.

– Amar es respetar. Te querrán por lo que eres no por la idea que tengan en su mente de cómo debes ser.

– La intimidad no es negociable. Eres dueño/a de tus pensamientos, sentimientos, ideas y acciones.

– El control no es amor, es una muestra de celos y los celos no son sanos.

– No se trata de decir si no de hacer. El amor se nota en el comportamiento cotidiano no en las muestras arrebatadas esporádicas.

– Se puede querer mucho, muchísimo y querer mal. No es incompatible.

– El amor se elige todos los días. Es elegir quedarse. No hay necesidad de continuas muestras y pruebas ‘de fuego’, ni demostraciones límite.

Pero sobre todas las cosas, la más importante es sentirse conforme y coherente estés en la relación que estés. No es cuestión de enjuiciar la relación, sino elegir libremente sin adoctrinamiento y con reflexión. Revisa cómo estás en tu relación y date un minuto para respirar y sentir que responde tu cuerpo. No debe haber obligaciones ni castigos. Asegúrate que estás justo dónde sientes que quieres estar.

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Ser una persona normal

La palabra ‘normal’ se usa como si fuera un término realmente universal y no hubiera duda de que, al usarlo, todo el mundo sin excepción supiera a qué se refiere exactamente. Y hay tantos tipos de normalidad como personas. Lo que pasa es que la mayoría finge delante de los demás que no es raro, excéntrico o diferente ¿Por qué? ¿Por qué nos preocupa tanto no destacar? Tenemos que ser y hacer lo que todo el mundo hace, y que todo el mundo se entere de que es así (recuerda publicarlo en redes sociales) no sea que piensen que no eres normal.

Primero me gustaría dejar claro que, a pesar de lo que se pueda pensar, normal únicamente significa que pertenece a una parte de la distribución estadística dónde se acumulan datos – vamos, donde se sitúa la mayoría. Pero bajo ningún concepto eso es un juicio de valor, no significa ni bueno ni malo, sólo lo que es costumbre. Que mucha gente tema salirse de la línea se debe a que desde pequeños muchas veces nos vemos señalados por no hacer lo que las normas nos dicen: ‘Los caballos no son rojos y verdes, vuélvelo a pintar’, ‘el uniforme no es reversible, hay una forma de llevarlo’, ‘los errores se señalan en rojo, los aciertos en verde’, ‘el tema libre son las vacaciones’, etc. Condicionados desde el nacimiento, marcados con un bolígrafo rojo desde la cuna. Cuando nos salimos de línea hay miedo, podemos cometer un error y que todos nos señalen. Pero sólo las personas que se salen de la línea hacen algo un poco productivo por la humanidad o al menos lo intentan. Innovan, buscan otras posibilidades, procuran encontrar respuestas.

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Por desgracia, los acontecimientos de la actualidad nos demuestran lo poco que hemos cambiado en los últimos diez mil años para seguir actuando como es normal y sentirnos a salvo del dedo señalador. No te engañes, la norma es opcional, es una guía. Como adulto puedes decidir seguirla o no (los niños no tienen esa suerte…) Además, hay una gran noticia: al nacer, ya eres especial ¡no hay que hacer nada! A nadie le gusta ser un robot en el montón. Tú unicidad te define, no tienes nada de qué avergonzarte.

A propósito de este tema, te dejo el vídeo de la entrevista a la directora de una película de humor con un mensaje directo y muy tierno. “Requisitos para ser una persona normal” de Leticia Dolera.

¡Di basta!

Cada vez que dices “no me ha costado nada”, mientes. Cada vez que dices “da igual, ya me lo compensará” sabes que peor aún, te mientes a ti mismo. Cada vez que te das un poco más, sin valorar tu verdadera contribución a lo que haces, das una sonora bofetada a tu autoestima. Es el tipo de situaciones que repiten aquellas personas que sienten que dan más de lo que reciben. Probablemente es en realidad así, dan y dan esperando que se les reconozca en algún momento su contribución, y sin embargo reciben sólo frustración a cambio.

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Muchas personas llegan a terapia con un problema que explican como “me bloqueo, tengo mucho que hacer” o “tengo que gestionarme mejor, no tengo tiempo”. En ocasiones es una cuestión de organización. Pero la mayor parte de las veces es más bien cuánto abarcas y cuanto aprietas. Con frecuencia son personas que se juzgan duramente por no llegar a ‘todo’. Su ‘todo’ es un mínimo que para la mayoría sería un máximo. Lo que pasa es que no se permiten decir que no a nada por lo que vayan a pensar los otros si les dicen simplemente ‘no, no puedo’. Temer perder el afecto-aceptación-atención de los demás motiva a muchas personas a vivir teniendo que satisfacer las necesidades ajenas sin escuchar nunca las propias. Son personas que con frecuencia sufren de ansiedad, bajo ánimo, ideas de las que no se pueden desprender, falta de sueño. Su cuerpo les va indicando que no puede más y no entienden el mensaje porque están programadas para continuar con su misión: cumplir, agradar, recibir aprobación, no fallar.

¿Cuántas veces se plantean qué reciben a cambio? Es fácil que cualquiera pueda abusar de una persona que no es capaz de respetar sus propios límites. No es sólo ser bueno, también es dejar que te tomen el pelo. No es mala educación ni falta de sensibilidad ni egoísmo ni debilidad. Decir basta es una cuestión de respeto hacia uno mismo. Y al decirlo, nace un halo que provoca mágicamente el respeto de los demás. Como dice la sabiduría popular “si no te valoras tú, nadie lo hará”. Ponle ‘precio’ a tu contribución porque sí te ha costado hacerla.

Mejorar la satisfacción en la pareja

A menudo tenemos ideas sobre las relaciones de pareja que pueden llevarnos a tener problemas constantes, discusiones y sentimientos de insatisfacción o infelicidad. Las creencias sobre el amor romántico en las que nos educan suelen ser las responsables de que tengamos unas expectativas sobre las relaciones poco realistas e insanas. Las relaciones sólo deben basarse en una atracción natural, respeto mutuo y proyecto común. Si podemos llegar a un acuerdo que contenga tu felicidad y la mía, será un éxito. Si quiero que cumplas con la idea que hay en mi cabeza, probablemente será un fracaso. Si estás pasando una crisis en tu relación, quizá te pueda ir bien repasar algunos puntos:

  • El mito de la media naranja: Parte de la idea de que estamos incompletos y la pareja tiene que completarnos. Si tenemos clara la idea de que mantener la individualidad e igualdad es imprescindible para la salud de la pareja, no buscamos imposibles.
  • Tenemos que hacerlo todo juntos: ¿Por qué? Es positivo para la relación que tengamos nuestro espacio y luego lo podamos compartir, no perdamos contacto con nosotros mismos y el exterior. Aire, frescura y quizá un punto de ligera añoranza son positivas para la relación.

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  • Todo debe continuar como al principio: Realmente es imposible. A medida que vaya pasando el tiempo habrá cosas que se extingan para dar lugar a otras nuevas. Si te resistes a este conocimiento profundo del otro y la aceptación de los cambios inherentes a la vida te generas dudas y sufrimientos innecesarios.
  • Tú me tienes que hacer feliz: Demasiada responsabilidad para el otro ¿no? Tu felicidad es tu proyecto de vida, la respuesta está en ti. Otra persona no puede dártela si tú no trabajas en ella. Si la relación no te hace feliz, puede que estés buscando en el lugar equivocado.
  • ‘Soy tuyo/a’ o nos pertenecemos: Las personas no somos propiedades, no necesitamos un dueño. Tener una actitud paternalista es peligroso porque es fuente de control, celos, chantajes y mal trato psicológico. Del respeto a la posesión hay un abismo.

La convivencia es algo complejo, pero con una base confianza y buena comunicación la satisfacción con la pareja mejora mucho. Si olvidamos la idea ser la ‘pareja perfecta’ y nos limitamos a caminar junto a una persona que nos gusta y nos aporta cosas positivas será una experiencia enriquecedora.

Si crees que no lo consigues, la terapia puede ayudarte a resolver tus dudas.

¡No soporto verte brillar!

“Cuenta una fábula que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Esta huía rápido, con miedo, de la feroz predadora, y la serpiente al mismo tiempo no desistía. Huyó un día, dos días y la seguía. Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:

– ¿Puedo hacerte tres preguntas?

-No acostumbro a dar este precedente a nadie… pero como te voy a devorar, puedes preguntar- contestó la serpiente.

-¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

-¡No! – contestó la serpiente.

-¿Yo te hice algún mal?

-¡No! – volvió a responder la serpiente.

-Entonces ¿por qué quieres acabar conmigo?

– ¡Porque no soporto verte brillar!”

A veces no sabemos reconocer con qué intención nos están enfrentando otras personas. Hay quienes pueden perder el sueño y un valioso tiempo en entender por qué alguien quiere perjudicarlas. Pueden culparse a sí mismas pensando que hacen algo mal, que de alguna forma han dañado a alguien y que esa persona les ataca por alguna razón. Después de darle mil vueltas no encuentran respuesta, porque no valoran que lo que sucede puede ser algo tan natural como la envidia. La envidia es un sentimiento humano sin control, como todos, y cualquier persona es susceptible de sentirla. El problema, como siempre, es no saber manejarla.

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Cuantas veces escuchamos eso de “envidia sana”, en un intento de dulcificarla, de quitarle hierro. Pero no nos engañemos, la envidia es envidia, ni sana ni insana. Enferma cuando gobierna nuestras acciones y nuestra vida. Y sobre todo cuando nos lleva a perjudicar a otros.

La envidia nos da un pellizco cuando algo que desearíamos para nosotros lo consigue otra persona. Y lo queremos, lo queremos conseguir. Así de primario y de sencillo. Podemos hacer dos cosas ante este hecho: aceptarlo y aprovecharlo para que nos impulse a luchar con más fuerza por lo que deseamos; o dejar que nos envenene y nos lleve a odiar a la persona que lo ha conseguido, juzgándola injustamente, en vez de pararnos a pensar qué hemos hecho nosotros para conseguir lo que ella tiene.

Las personas que sufren fuertemente la envidia necesitan trabajar más su autonomía y autoestima, la que nos permite juzgarnos constructivamente para conseguir fijar nuestra energía en el objetivo y no echar la culpa a los demás o a causas externas por no conseguirlo.

¿La bella que cambió a la bestia?

Este bello cuento, puesto a la moda por su reciente adaptación, tiene muchas versiones y un origen remoto. Hay quien lo traslada incluso a la fábula de ‘Amor y psique’ de los griegos, y pasa por muchas versiones en Europa hasta la más actual, la versión francesa. En resumen es la historia de una bella y buena chica que termina con una bestia que en realidad es un príncipe, y como es habitual, viven felices para siempre. Ella descubre la verdadera belleza que esconde en su alma el horrendo ser, y por eso se rompe el encantamiento. Por lo tanto, transmite aquel gran valor de ‘no hay mayor verdad, la belleza está en el interior’.

La belleza real está en el interior, sí. Hasta aquí nada que decir. Pero si tienes que excavar para encontrarla, puede que no estés buscando en el lugar correcto. A veces merece la pena quedarse con una pareja que ya venga príncipe de casa ¿O es que valoras que ese esfuerzo es lo hace más valioso? El amor lleva un trabajo de negociación y de acople entre las personas, pero no tiene por qué ser doloroso, opresivo o costoso. El amor de verdad fluye, no hay que forzarlo.

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Los cuentos de hadas, sobretodo los dulcificados por factorías cinematográficas, pueden ser en apariencia inocentes y moralizadoras. Pero a menudo tienen mensajes subliminales sobre valores sociales un tanto anticuados. La bella y la bestia, por ejemplo, tiene un trasfondo que puede que nuestra mente consciente no reconozca: el amor de una mujer convierte a las bestias en príncipes. Cuidado con lo que queremos creernos.

Los cuentos son potentes herramientas de educación para los niños. Muy importantes en su desarrollo emocional y en el aprendizaje social. Incluso continúan emocionándonos de mayores. Pero jamás perdamos el sentido crítico como adultos y acompañemos a los niños en su interpretación de los mitos. Si queremos una sociedad más igualitaria y reducir las relaciones de abuso, hay que empezar en la infancia. Leámoslo todo, pero leámoslo con los ‘ojos abiertos’.

El amor no siempre es romántico

“Con lo buena que soy, todo lo que he hecho por él y lo bien que me he portado ¿no podía enamorarse?” Y la pregunta no era retórica, realmente quería saber por qué. No lo sé, nadie lo sabe. Es curioso que haya personas suficientemente ‘románticas’ como para creer que el amor lo puede todo y no entiendan que no comprende de normas. Los sentimientos claro que surgen de experiencias compartidas, pero la primera llama que enciende la emoción no es lógica o racional. En el caso del enamoramiento es prácticamente química.

Cuando alguien se hace este tipo de preguntas, si tiene un problema con las relaciones, tiene un problema consigo mismo ¿Para qué tanto dolor? Una autoestima firme sabe cuándo ya ha sido suficiente, cuando la inversión merece o no la pena. No te quiere, posiblemente se lo pierda, es su elección. Pregúntate por qué has hecho tú la tuya ¿Por qué le quieres?

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– ¿Diferencias la humillación del altruismo?

– ¿Reconoces lo que te mereces y lo que no te mereces?

– ¿Quieres competir o compartir? ¿La relación es un reto?

Una parte muy importante de saber si tienes relaciones sanas es saber si te están haciendo crecer o empequeñecerte. Cuando estar con alguien (en las formas diversas que esto puede ser) te produce ansiedad, obsesión, celos, crisis de tristeza, accesos de ira y angustia quizá necesites reformular el significado del amor en tu diccionario. Sería adecuado que pusiera algo como esto:

Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos complementa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

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Esto dice el diccionario. Todo lo demás está basado en una creencia bastante extendida desde el Romanticismo (S.XVIII). En su época, cuanto más imposible y desdichado era un amor, mejor. La gente tenía otras costumbres y normas sociales. Pero estamos en el XXI y el amor es libre. Si no te hace sentir libre, lo siento, pero no es amor.

¿Puede que esté sufriendo maltrato?

Sucede poco a poco. Apenas puedes darte cuenta de que está sucediendo, pero cuando lo haces te parece que ya no hay nada que hacer. Incluso ha quedado la primera idea que tenías sobre él/ella en una neblina de la memoria. Sabes que en algún momento la relación fue diferente, pero no sabes por qué ahora no eres feliz, te sientes incómodo, puede que culpable ¿Qué te está sucediendo? Una de las opciones es que te encuentres en una relación de maltrato psicológico. Frecuentemente se habla de este mal-trato en las relaciones de pareja, pero puede darse en cualquier otra relación personal: entre familiares, amigos, colegas de profesión, etc.

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¿Cómo puedo reconocerlo? En cada caso, las situaciones, las palabras usadas y los tiempos serán diferentes, pero algunas de las señales de alarma que puedes empezar a observar serían estas:

  • La persona reacciona negativamente ante tus ideas, mostrando un firme desacuerdo que roza la intolerancia y puede que sientas que te falta al respeto. Sólo hay dos formas de ver las cosas: son malas o buenas (las suyas) Puede ser sutil y sin insultos, pero no da opción a que tu idea o pensamiento pueda ser cierto o legítimo.
  • Al principio no te parecía que fuera así, al contrario, era encantadora, incluso muy seductora y atractiva. Por eso empiezas a pensar qué has podido hacer para que cambie (pista: puede que no hayas sido tú, sino que aún no había mostrado esa cara) Facilitan que te sientas culpable y te chantajean emocionalmente. El manipulador espera a que le tengas confianza.
  • Pueden parecer ordenados y de ideas claras, pero sólo desde su punto de vista. Si no les obedeces o les contradices montan en cólera, te castigan con su indiferencia/silencio o te la devuelven con comentarios o comportamientos hirientes.
  • No son autocríticos pero sí muy críticos con los demás. Para tener razón pueden llegar a machacarte y hacerte sentir débil. Si no se salen con la suya, su humor cambia rápidamente y te echan la culpa, ofendiéndose con facilidad.
  • Son personas con baja inteligencia emocional, no tiene demasiada capacidad empática y por lo tanto no se detienen ante el sufrimiento del otro. Pueden mentir y hacer falsas promesas sin arrepentirse, y como no reflexionan a nivel emocional, son impulsivas y desconsideradas.

Las personas que maltratan son en realidad muy inseguras y llenas de resentimiento y sentimiento de inferioridad. Dependiendo de su historia, que puede haber sido muy dura, sus rasgos de carácter pueden ser más o menos claros. Necesitan pagar sus frustraciones con los otros, pero está claro que eso no les da derecho a someter a los demás. Son personas que conviene alejar de nuestra vida, o en todo caso, destaparlas, ya que nunca nos dejarán crecer. Intentar salvarlas y dejarlas hacer no les ayuda, y lo que es peor, así jamás cambiarán.

Y el tóxico era yo…

Se siente insatisfacción. Las relaciones no son como se espera o se desea, las relaciones personales son difíciles y poco satisfactorias. Se nota sobre todo entre las personas del entorno, en ellas es en las que más notamos que algo no anda bien. Puede que empecemos a buscar, a preguntarnos que les pasa, a darle vueltas a sus respuestas, a su comportamiento. Pero no podemos salir de ahí, no comprendemos que les pasa.

El término personas tóxicas se usa para describir a aquellas que nos restan y no nos suman, nos producen dolor o quebraderos de cabeza y muy pocas alegrías. Estar a su lado nos hace estar tensos, inhibirnos o sentir temor (a veces sin ser conscientes), no ser claros, no mostrarnos como somos. Otras tienen la ‘virtud’ de hacernos sentir frustrados y pequeños. Sea como sea, es difícil estar a su lado, nuestro cuerpo les nota y les repele sin querer…

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Un momento para la autocrítica, para la reflexión. Conectemos con las emociones y no con los pensamientos (puede resultar difícil, no estamos acostumbrados), pero hay que hacer una visión interior cuando el comportamiento de los demás está afectándonos, haciéndonos daño, nos extraña. Si notamos que se alejan de nosotros, si no nos discuten aunque notemos que no son del todo auténticos, cuando sospechamos que no nos dicen toda la verdad o nos mienten, cuando vemos que alguna persona cercana hace cosas que nos indican que nos tiene miedo de alguna forma, puede que su respuesta sea reactiva a nuestra forma de tratarles.

¿Estoy intentando controlar el comportamiento de alguien? ¿Me molesta que no haga o piense lo que yo creo? ¿Estoy acaparando su atención? ¿Le exijo una lealtad casi medieval? ¿Le conozco y acepto sin juzgarle o aconsejarle sin que me lo pida? ¿Soy muy crítico con su comportamiento? Y  larga una lista más. El quid de la cuestión es plantearme si yo estoy dando salud a los demás para poder recibirla. Porque podemos tener mala suerte y caer en ambientes tóxicos pero, a veces, puede que el tóxico sea yo.