Ayuda ante la pérdida de un ser querido

Las despedidas de los seres queridos siempre son complicadas. El duelo, cuando una persona se va, ya de por si lleva una serie de fases que necesitan cariño, paciencia y sobretodo tiempo. Si además debemos añadir una situación excepcional como la que vivimos al proceso, puede sentirse como una montaña o una carrera muy larga.

El paso principal para no cronificar un duelo consiste en transitar las emociones sin juzgarlas, con paciencia e intentando superar el miedo a sentirlas. De manera natural sentiremos rabia, frustración, vacío, culpa y mucha pena. Así que si además el proceso ha sido traumático debido a la muerte por Covid-19, puede ser algo más intensas.

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Los rituales son importantes para nuestra sociedad, y no poder cumplir con los de despedida del fallecido, pueden hacer la situación confusa y frustrante. Pero debemos pensar que es por la seguridad de todos, y eso hace que los demás puedan permanecer a salvo y protegidos para reencontrarnos cuando todo pase. Es difícil aconsejar sobre qué hacer, porque cada caso es especial, pero hay una serie de pautas que pueden ayudarte si es tu caso:

  • Descarga tus emociones. Si tienes mucha rabia, puedes golpear un cojín u otro objeto blando (no te hagas daño) para descargarla. También puedes escribir todas las palabrotas o maldiciones o culpas que se te ocurran. Date permiso para expresar tu frustración.
  • Llora sin culpa. El llanto es útil para descargarse y alivia. No te pongas prisa para llorar, tu cuerpo sabe regularse y sabe cuándo parar.
  • Puedes hacer algún pequeño ritual en casa, acorde a tus creencias y pensamientos o los del fallecido (fotos, vela, oración, mensaje de despedida en el balcón/ventana, si tienes un objeto de la persona hacer algo simbólico para despedirte) Hazlo si lo sientes así, y puedes también compartirlo con otros amigos, familiares o conocidos si lo necesitan. Puede ayudaros a sentiros unidos en la distancia y frente a la despedida.
  • Escríbele una carta de despedida y exprésale a la persona fallecida tus sentimientos, todo lo que le dirías si la tuvieras delante.
  • Mantente en contacto con otras personas que puedan sentirse como tú por la pérdida, podéis charlar un rato cada día sobre la persona ausente y sobre vuestros sentimientos. El resto del tiempo procura mantenerte ocupado en otras tareas, dentro de lo posible.
  • Piensa que cuando todo pase, podéis preparar algún rito o reunión para homenajear y despedir a la persona. Puedes pensar qué te gustaría prepararle y escribir algunas líneas o algo simbólico para él (un dibujo, una pequeña manualidad, una lectura o poema, lo que sientas)
  • No te olvides de niños y adolescentes. Necesitan unas pautas más ajustadas a su edad, pero no les mantengas al margen y permite que también puedan participar del encuentro familiar y expresar sus sentimientos y miedos.

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Es normal que al principio cueste hacerse a la idea de que el ser querido ya no está, dentro de una situación que ya de por sí nos hacer sentirnos fuera de la realidad. Sobretodo al no poder ver a la persona enferma. Pero es bueno no apresurar el proceso y permitir que nuestra mente vaya aceptando poco a poco la situación. Y si sientes que te sobrepasa, pide ayuda. Un acompañamiento psicológico puede ayudarte a llevar este difícil momento.

Acompañamiento ante el confinamiento

Si tienes miedo, ten miedo. Está bien, estás asustada/o ¿Estás enfadada/o? Bien, tienes rabia, es injusto. Si te angustia el futuro, qué va a pasar ¿es que es raro? Claro que no, la incertidumbre es real. No eres débil, ni tonto, ni exagerado por sentir todo esto. Eres humano, sientes y piensas, sacas tus conclusiones. Está bien. No lo podemos evitar ni es malo que suceda ¿Debemos entonces dejarnos arrastrar por estos sentimientos? Eso sí lo tenemos que cuidar.

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Ante una situación como la que vivimos, ante una amenaza real y peligrosa como es el Covid-19, responder con una emoción primaria como miedo, sorpresa o rabia es natural. Debemos recibir esa sensación, pero no dejar que nos arrastre con pensamientos destructivos. Los sentimientos que nos genere nuestra mente pueden hacer que el confinamiento sea constructivo o nos vuelva del revés. Es habitual que mientras la situación se alargue, pases por diferentes momentos, algunos incluso raros, como un ataque de risa o de llanto. La mente busca maneras de sacar la tensión física que le genera la emoción y lo hace como puede. No debes preocuparte por eso. Para que tu cabeza no empiece a darte una lata innecesaria, procura ordenar tus ideas:

  • Hazte un plan casero personal. No te agobies sino haces todas las actividades propuestas por redes sociales y amigos. Haz lo que te guste, te relaje o sea útil.
  • Piensa en cosas que te gustaría tener hechas cuando esto termine. Ten una meta. Puedes hacerte una lista y repartirla cada día. Sin prisa pero sin pausa.
  • No te obsesiones con el ejercicio ni la alimentación. Muévete, estira cada rato, haz alguna tabla sencilla de ejercicio o usa esa máquina que tenías olvidada. Pero no te obsesiones con moverte. En cuanto a la dieta, piensa que no hace falta comer tanto si estás inactivo y procura beber muchos líquidos, si puedes, para mantenerte más saciado.
  • Si te agobias, escríbelo, lleva un diario donde tener un rato para volcar ‘los residuos’. Céntralo en un momento de día y el resto intenta mantener tu mente ocupada en otras cosas.
  • INFÓRMATE BIEN Y LIMITADAMENTE. No nos cansaremos de repetirlo. Lee, ve películas, alguna serie ligera y no compartas todo lo que recibas con todo el mundo.
  • Es bueno tener conversaciones con amigos, familiares y vecinos por medios online, pero procura no tener monotema. Es bueno compartir los sentimientos pero repartid el tiempo para hablar de otras cosas.
  • PROCURA REÍR. Es medicina. Busca un ratito para leer chistes, o ver películas de humor o montar un vídeo chorra, lo que se te ocurra. Pero no dramatices. La situación no lo necesita.
  • Si puedes ayudar, ayuda. Pero recuerda que ayudar también es no estorbar. Todos no podemos hacer de todo. Haz aquello para lo que te sientas capacitado, ahora no necesitamos superhéroes sino ciudadanos responsables.

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Todo pasará y vendrán otros retos que superar. Guarda energías, confía en que puedes adaptarte a las circunstancias y busca cada día algo que haya sido bueno.

Y si el día ha sido un asco, lo ha sido, mañana es otra oportunidad. Respira, duerme y piensa que lo único cierto es que nada permanece.

 

Sobrellevar el miedo

“No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor.”  Alejandro Dumas

¿Quién no tiene miedo? ¿Es posible deshacerse por completo de él? Es poco probable que sea así. El miedo está introducido biológicamente en el ser humano y por lo tanto tiene una utilidad. “Complicarme la vida, impedirme mis objetivos, fastidiar…” hay muchas personas que pueden pensar esto, pero no es así. El miedo nos ayuda a reconocer los peligros, nos protege de riesgos, de daños que podamos sufrir. El miedo es necesario, hay que conservar prudencia para vivir. Imagina que te encontraras solo en un callejón oscuro de noche y no sintieras miedo: serías vulnerable a cualquier ataque. El miedo hace que escojas una ruta más segura, te mantiene alerta para responder o huir y así mantenerte a salvo. El miedo es un aliado, es una coraza que quiere evitarnos daños. Cuando el peligro es real…

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Lo que sucede es que tememos las cosas que desconocemos. La lógica básica nos dirá que la mejor manera de vencer un miedo es conociendo más aquello que se teme, poniéndose frente a él y descubriéndolo. Eso es valentía: una vez se han valorado los riesgos, decidir con responsabilidad. Una persona valiente no es la que no tiene miedo, la que lo elimina -sería temeraria, y eso sí es peligroso- sino aquella que lo reconoce, lo respeta y vive con él sin que le impida actuar. Cuando dejamos que el miedo nos impida vivir, se genera un círculo vicioso, el del miedo al miedo, que paraliza y nos engaña sobre lo que realmente necesitamos. Cuanto más nos dejamos llevar y menos afrontamos más desconfianza tenemos hacia nuestros recursos y más miedo aún tenemos la siguiente vez.

“El que teme sufrir ya sufre el temor.” Proverbio chino

Cuando el miedo se extiende a grupos humanos, la percepción del peligro puede aumentar. Estar bien informado y ‘lo suficiente’ (sin excesos y con rigor), aceptar que el control total de una situación no es posible, ser crítico y no dejarse arrastrar por el primer impulso y ser responsable de la información que se comparte es importante para no llegar al pánico.

Tómate un minuto para valorar que está en tu mano y hazlo, eso es lo único adecuado ante una situación incierta.

Aceptar el valor de un no

El estrés tiene un motivo principal, y suele ser el abarcar demasiado, más de lo que es materialmente posible. Cuando sobrepasamos nuestras fuerzas, multiplicamos horas inexistentes y aceptamos demasiados compromisos lo podemos pagar con insomnio, ansiedad o problemas cutáneos o intestinales. Solemos asociarlo al trabajo, pero también es extensible a nuestra vida privada. También cuando sea fin de semana o periodo vacacional no olvides que el tiempo de descanso es para ti y tus gustos/necesidades. Puede que sientas mucha presión para aceptar compromisos familiares y sociales que realmente no te apetezcan. Te dejo algunos consejos para que revises cómo afrontarlo:

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– Deja hablar. Cuando alguien te pida algo, déjale hablar sin interrumpirlo. Escúchalo con interés y evalúa que te está pidiendo. Luego decide si quieres hacerlo.

– Di no de forma clara y directa. Utiliza frases en primera persona como “yo prefiero”, “yo quiero”, “me apetece más hacer…”, etc.

– Tómate tiempo. Si te cuesta decir que no a la primera o estás dudando si te conviene aceptar, di que necesitas tiempo para pensarlo y tómatelo. Pueden ser unos minutos o varios días, valora tus prioridades y haz lo que te conviene y te gusta.

– No te justifiques. Una vez decidido, no des excusas ni justificaciones. Si crees necesaria una explicación, acompáñala de razones (cuestiones objetivas y claras) no de pretextos (excusas generales o mentiras)

– Ante la insistencia: Si a pesar de haberlo dejado claro, la otra persona sigue pidiendo tu colaboración, mantente en el no. Se recomienda utilizar la técnica del disco rayado con frases como “sé que te gustaría que yo… pero ya te he dicho que no”. Y lo repites mientras sea necesario.

– Sugiere alternativas. En algunos casos, es efectivo proponer un plan B: “Yo no puedo hacerlo, pero quizá si preguntas a/en…” o dar una variación que a ti te vaya bien, por ejemplo “Hoy/Mañana/ahora no es posible pero en otro momento sí”.

– Sigue firme. No cedas. Si continúa insistiendo, pide que no lo haga y di qué harás: “Si sigues así yo…me iré/colgaré/me siento poco respetado/desvalorizado”

Recuerda que la dinámica de la asertividad es de dos direcciones. Si tú aceptas el no, la limitación del otro, te será más fácil que los demás también lo acepten por tu parte. Puedes empezar a establecer dinámicas más sanas por ti mismo. Y si tienes problemas para hacer esto, recuerda que la terapia puede ayudarte.

Sacrificio no es sinónimo de amor

¿Por qué sacrificio y amor deben compartir nuestras relaciones? Nuestra sociedad nos hace creer desde muy temprana edad que querer a alguien es renunciar y sufrir, porque si es fácil no es amor. Crecemos sin cuestionarnos nada al respecto, rodeados de películas, canciones y mitos que nos refuerzan la idea de que tenemos que adaptarnos a la pareja, dejar nuestra vida anterior a conocerla y priorizarla por encima de todo, como si ya no pudiéramos ser si no está. Pero esto no es necesario ni sano, hay otras cosas que tendríamos que valorar:

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– Amor y fusión no son la misma cosa. La fusión supone perder la propia forma y no es necesario para querer a alguien.

– Amar es respetar. Te querrán por lo que eres no por la idea que tengan en su mente de cómo debes ser.

– La intimidad no es negociable. Eres dueño/a de tus pensamientos, sentimientos, ideas y acciones.

– El control no es amor, es una muestra de celos y los celos no son sanos.

– No se trata de decir si no de hacer. El amor se nota en el comportamiento cotidiano no en las muestras arrebatadas esporádicas.

– Se puede querer mucho, muchísimo y querer mal. No es incompatible.

– El amor se elige todos los días. Es elegir quedarse. No hay necesidad de continuas muestras y pruebas ‘de fuego’, ni demostraciones límite.

Pero sobre todas las cosas, la más importante es sentirse conforme y coherente estés en la relación que estés. No es cuestión de enjuiciar la relación, sino elegir libremente sin adoctrinamiento y con reflexión. Revisa cómo estás en tu relación y date un minuto para respirar y sentir que responde tu cuerpo. No debe haber obligaciones ni castigos. Asegúrate que estás justo dónde sientes que quieres estar.

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Depresión: una jaula de oro

“Pero nadie quiere hablar de eso. Al fútbol no le interesaba.” Así lo explicaba Bojan Krkic, actualmente jugador del Stoke city, cuando habló en el diario ‘The guardian’ sobre el estado de ansiedad que padeció en el año 2007. Para él, que debutó en la liga con tan solo 17 años, todo fue demasiado rápido, demasiadas expectativas puestas en él. Le llamaban el ‘nuevo Messi’ y eso precipitó que empezara a tener ataques de pánico que le impedían jugar, la presión nunca se iba, y le hacía sentirse enfermo, incapaz. En la medida que ‘triunfaba’ en su carrera su visión de sí mismo empeoraba y le hacía preocuparse en exceso sobre su rendimiento.

Lo peor fue el juicio que cayó sobre él, le tildaron de soberbio y de pasota. Él no podía hablar de lo que le estaba pasando porque se sentía demasiado asustado y enfermo. Pensaron que menospreciaba las ofertas cuando la ansiedad apenas le permitía jugar.

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Joakim Angervald

Afortunadamente consiguió sobrellevarlo pidiendo ayuda y tomando las decisiones más adecuadas para su salud: tomar distancia, fijarse metas a corto plazo más asequibles y rebajar la presión. Se dio cuenta que quizá no era su lugar o su momento, y a pesar de la opinión general de la afición y la profesión, decidió dejar el Barça y la selección y continuar simplemente haciendo lo que amaba: jugar a fútbol.

Otro caso parecido fue el de Gianluigi Buffon, el mejor portero de la liga italiana. En la época de su vida en la que tuvo mayor reconocimiento profesional sufrió una dura depresión por la que tuvo que tratarse. “Durante seis meses viví con un agujero en el alma” confesó en su libro autobiográfico titulado ‘Número1’. Para él “la gente, los aficionados, se lo toman a broma. Te ven como futbolista, como ídolo, y nadie te pregunta cómo estás. Al final eres esclavo de tu propia imagen”.

Muchos deportistas de élite de todos los deportes, y no sólo del fútbol, han pasado episodios de depresión o ansiedad en diferentes momentos de sus carreras. Aunque pensemos que son superhéroes afortunados, son personas como cualquiera de los mortales, con sus inseguridades, sus problemas de autoestima, sus miedos y sus dudas. Son susceptibles a la presión y las expectativas como cualquier otro.

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Es habitual que, al llegar a la cima del éxito, muchas personas teman decepcionar, porque ¿qué más pueden dar? Se empieza a criticar sus fallos y pronto ellos mismos dejan de tener confianza y pierden sus objetivos vitales.

He querido continuar con este tema tras la entrada sobre Andrés Iniesta porque creo que es necesario visualizar este problema que parece dar vergüenza, pero que lamentablemente se extiende en nuestra sociedad. Ahora que empezamos un nuevo año, me parece un buen momento para que revisemos nuestros objetivos y nos preguntemos: ¿estoy dónde quiero estar? ¿me gusta lo que hago con mi vida? ¿me gusta quién soy? Intentar cumplir sólo las expectativas ajenas puede generar mucho sufrimiento. Piensa sólo cuál es tu proyecto personal y no permitas que lo juzgue nadie.

Superar la depresión: el ejemplo de Andrés Iniesta

Estar vacío. El vacío es la sensación que mejor explica la depresión.  A pesar de parecer que tienes muchas cosas o muchos motivos para estar contento la sensación es de insatisfacción. Se ha perdido el significado, el motivo para hacer lo que haces.

Muchas veces empieza como un malestar difuso, se busca respuesta en análisis de sangre, escáneres, radiografías… hay un dolor difícil de explicar al que no se encuentra causa física. La mayoría de las veces se altera el sueño (se duerme mucho, poco, mal, con pesadillas, entrecortadamente, etc.) y también el hambre (falta o exceso) Se buscan respuestas en la medicina, pero al final sólo queda una pregunta ¿qué me está pasando?

Andrés IniestaFotografía de Jordi Cotrina

La depresión sigue siendo una gran desconocida a pesar de la divulgación que se intenta hacer sobre ella. Sigue siendo algo muy difícil de comprender ¿Por qué nos deprimimos? No hay un único motivo, no hay un virus que lo cause. Por eso, creo que es tan importante que personas cercanas a la sociedad puedan dar su testimonio y dejar de silenciar una realidad que es casi una epidemia. En esta ocasión se trata de Andrés Iniesta. Un deportista de élite exitoso que, en la cresta de la ola, sufre la crisis vital más grande de su vida. Os dejo unos cortes de la entrevista que Jordi Évole le hizo recientemente:

«Deseaba que llegara la noche para poder tomarme una pastilla y descansar» 

«Estuve en tratamiento un periodo con la psicóloga, siempre me acordaré de las ganas que tenía de tener la consulta, llegaba hasta 15 minutos antes»

«Cuando sufres depresión, no eres tú, cuando estás tan vulnerable es difícil controlar momentos de la vida»

Desesperanza, desmotivación, ideas de muerte, falta de interés general por vivir. Ese es el síntoma principal de la depresión. Es importante no confundirlo exclusivamente con la tristeza que se genera ante situaciones de pérdida. Como Iniesta bien explica, a él le sobreviene en el momento más exitoso de su carrera.  Acabó sintiendo su vida emocional secuestrada, se quedó aislado en un mundo que no le decía nada.

La depresión tiene un motivo y un significado dentro de la historia de cada persona y es el resultado de la misma. Entender qué nos ha llevado a ella es una clave importante para poder tratarla, dar nuevas pautas, significados y sentido a nuestra vida. Puede que no estemos preparados para el éxito, puede que no podamos abarcar lo que los acontecimientos suponen, podemos perder a alguien que era un pilar importante para sobrellevar el estrés… Cualquier pérdida de una situación de seguridad puede hacernos trastabillar.

Lo importante es que si estás pasando por un episodio de este tipo sepas que no hay nada de ‘defectuoso o débil’ en padecer una depresión. En las circunstancias adecuadas todos somos susceptibles de caer en ella. Así que no dudes en pedir apoyo y ayuda. Muchas personas han pasado por procesos similares, como Andrés Iniesta en este caso, y han podido superarlo gracias a su empeño y la ayuda que han pedido. De la depresión se sale.

¿Estoy triste o enfadado?

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta… En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas. Había una vez… un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente… Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia. Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque. La furia, apurada (como siempre está la furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua… Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró… Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza… Y así vestida de tristeza, la furia se fue. Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba. Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia. Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

Jorge Bucay

Rabia y tristeza

A menudo no sabemos describir qué es lo que nos pasa porque a nosotros mismos nos cuesta reconocerlo. Ya no es cuestión de encontrar la palabra, sino de comprender qué es lo que está sucediendo en nuestro interior y por qué. Sobre todo cuando sentimos que algo nos desborda y no alcanzamos a entender el motivo. Las personas somos un sistema complejo donde las emociones se mezclan y combinan todo el tiempo, pero siempre hay una en cada situación que predomina y nos da la pista para resolver. Entonces es importante diferenciarla y atenderla: ¿qué necesito ante esta emoción? ¿Me la permito o no me la permito? ¿Qué dificultad encuentro en expresarla?

La forma en que hemos aprendido a ‘sacar’ esa emoción nos condiciona. Si no hemos sido educados para subir la voz, quejarnos y expresar enfado, se puede generar una tristeza interna que se convierta en melancolía. Por el contrario, si no me han permitido llorar y estar triste, estar irritado puede ser la única manera de expresar la emoción.

Es muy importante para nuestra salud mental reconocer tanto la tristeza como la rabia por separado y ser conscientes de que necesitan expresiones diferentes para liberarse y resolverse. Si no se hace así, pueden enquistarse y provocarnos problemas en el futuro. Ambas emociones son sanas y necesarias para vivir, y ninguna es negativa ni debe reprimirse, siempre reaparecen en la siguiente vuelta que nos da la vida y se nos ofrece una ocasión para encararlas de nuevo.

Ser una persona normal

La palabra ‘normal’ se usa como si fuera un término realmente universal y no hubiera duda de que, al usarlo, todo el mundo sin excepción supiera a qué se refiere exactamente. Y hay tantos tipos de normalidad como personas. Lo que pasa es que la mayoría finge delante de los demás que no es raro, excéntrico o diferente ¿Por qué? ¿Por qué nos preocupa tanto no destacar? Tenemos que ser y hacer lo que todo el mundo hace, y que todo el mundo se entere de que es así (recuerda publicarlo en redes sociales) no sea que piensen que no eres normal.

Primero me gustaría dejar claro que, a pesar de lo que se pueda pensar, normal únicamente significa que pertenece a una parte de la distribución estadística dónde se acumulan datos – vamos, donde se sitúa la mayoría. Pero bajo ningún concepto eso es un juicio de valor, no significa ni bueno ni malo, sólo lo que es costumbre. Que mucha gente tema salirse de la línea se debe a que desde pequeños muchas veces nos vemos señalados por no hacer lo que las normas nos dicen: ‘Los caballos no son rojos y verdes, vuélvelo a pintar’, ‘el uniforme no es reversible, hay una forma de llevarlo’, ‘los errores se señalan en rojo, los aciertos en verde’, ‘el tema libre son las vacaciones’, etc. Condicionados desde el nacimiento, marcados con un bolígrafo rojo desde la cuna. Cuando nos salimos de línea hay miedo, podemos cometer un error y que todos nos señalen. Pero sólo las personas que se salen de la línea hacen algo un poco productivo por la humanidad o al menos lo intentan. Innovan, buscan otras posibilidades, procuran encontrar respuestas.

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Por desgracia, los acontecimientos de la actualidad nos demuestran lo poco que hemos cambiado en los últimos diez mil años para seguir actuando como es normal y sentirnos a salvo del dedo señalador. No te engañes, la norma es opcional, es una guía. Como adulto puedes decidir seguirla o no (los niños no tienen esa suerte…) Además, hay una gran noticia: al nacer, ya eres especial ¡no hay que hacer nada! A nadie le gusta ser un robot en el montón. Tú unicidad te define, no tienes nada de qué avergonzarte.

A propósito de este tema, te dejo el vídeo de la entrevista a la directora de una película de humor con un mensaje directo y muy tierno. «Requisitos para ser una persona normal» de Leticia Dolera.

¡Di basta!

Cada vez que dices “no me ha costado nada”, mientes. Cada vez que dices “da igual, ya me lo compensará” sabes que peor aún, te mientes a ti mismo. Cada vez que te das un poco más, sin valorar tu verdadera contribución a lo que haces, das una sonora bofetada a tu autoestima. Es el tipo de situaciones que repiten aquellas personas que sienten que dan más de lo que reciben. Probablemente es en realidad así, dan y dan esperando que se les reconozca en algún momento su contribución, y sin embargo reciben sólo frustración a cambio.

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Muchas personas llegan a terapia con un problema que explican como “me bloqueo, tengo mucho que hacer” o “tengo que gestionarme mejor, no tengo tiempo”. En ocasiones es una cuestión de organización. Pero la mayor parte de las veces es más bien cuánto abarcas y cuanto aprietas. Con frecuencia son personas que se juzgan duramente por no llegar a ‘todo’. Su ‘todo’ es un mínimo que para la mayoría sería un máximo. Lo que pasa es que no se permiten decir que no a nada por lo que vayan a pensar los otros si les dicen simplemente ‘no, no puedo’. Temer perder el afecto-aceptación-atención de los demás motiva a muchas personas a vivir teniendo que satisfacer las necesidades ajenas sin escuchar nunca las propias. Son personas que con frecuencia sufren de ansiedad, bajo ánimo, ideas de las que no se pueden desprender, falta de sueño. Su cuerpo les va indicando que no puede más y no entienden el mensaje porque están programadas para continuar con su misión: cumplir, agradar, recibir aprobación, no fallar.

¿Cuántas veces se plantean qué reciben a cambio? Es fácil que cualquiera pueda abusar de una persona que no es capaz de respetar sus propios límites. No es sólo ser bueno, también es dejar que te tomen el pelo. No es mala educación ni falta de sensibilidad ni egoísmo ni debilidad. Decir basta es una cuestión de respeto hacia uno mismo. Y al decirlo, nace un halo que provoca mágicamente el respeto de los demás. Como dice la sabiduría popular “si no te valoras tú, nadie lo hará”. Ponle ‘precio’ a tu contribución porque sí te ha costado hacerla.