El fracaso también es necesario

A menudo nos intentan convencer de que ‘querer es poder’. Hoy en día es un mensaje presentado de forma directa o más subliminal en muchos ámbitos del márketing. Pero hemos de ser sinceros: no es cierto.  O por lo menos no en todos los casos. Nos fuerzan a no rendirnos, seguir siempre adelante hipermotivados y no dar importancia a los sentimientos negativos. Como decimos siempre, todos los sentimientos son importantes y necesarios, la frustración también. Cuando algo no ha podido ser  o no ha salido como esperábamos tenemos rabia y tristeza, podemos sentir desánimo. Es parte esencial de la vida. Ante la decepción, lo más sano no es ignorarlo y seguir adelante, sino pararse y respirar. Intentar consolarse, reflexionar y buscar dónde pueden haber estado los errores.

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A veces las cosas que no pueden ser nos enseñan importantes lecciones sobre nosotros mismos. Tener demasiado miedo y no atreverse a emprender un proyecto de vida daña la autoestima, pero no aceptar las propias limitaciones también lo hace. Creer en uno mismo no supone tener que pensar que somos invencibles (lo contrario sería ser un fracaso ¿no?) es encontrar el equilibrio de lo que somos y lo que no somos.

La aceptación auténtica de uno mismo no es intentar estar ‘arriba’ siempre para demostrarnos (o quizá demostrar a los demás) que podemos con todo, sino encontrar lo que realmente nos llena e intentar hacerlo lo mejor que podamos. Lo que podamos de verdad, sin ponernos en riesgo y sabiendo donde está nuestro límite.

Mejorar la satisfacción en la pareja

A menudo tenemos ideas sobre las relaciones de pareja que pueden llevarnos a tener problemas constantes, discusiones y sentimientos de insatisfacción o infelicidad. Las creencias sobre el amor romántico en las que nos educan suelen ser las responsables de que tengamos unas expectativas sobre las relaciones poco realistas e insanas. Las relaciones sólo deben basarse en una atracción natural, respeto mutuo y proyecto común. Si podemos llegar a un acuerdo que contenga tu felicidad y la mía, será un éxito. Si quiero que cumplas con la idea que hay en mi cabeza, probablemente será un fracaso. Si estás pasando una crisis en tu relación, quizá te pueda ir bien repasar algunos puntos:

  • El mito de la media naranja: Parte de la idea de que estamos incompletos y la pareja tiene que completarnos. Si tenemos clara la idea de que mantener la individualidad e igualdad es imprescindible para la salud de la pareja, no buscamos imposibles.
  • Tenemos que hacerlo todo juntos: ¿Por qué? Es positivo para la relación que tengamos nuestro espacio y luego lo podamos compartir, no perdamos contacto con nosotros mismos y el exterior. Aire, frescura y quizá un punto de ligera añoranza son positivas para la relación.

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  • Todo debe continuar como al principio: Realmente es imposible. A medida que vaya pasando el tiempo habrá cosas que se extingan para dar lugar a otras nuevas. Si te resistes a este conocimiento profundo del otro y la aceptación de los cambios inherentes a la vida te generas dudas y sufrimientos innecesarios.
  • Tú me tienes que hacer feliz: Demasiada responsabilidad para el otro ¿no? Tu felicidad es tu proyecto de vida, la respuesta está en ti. Otra persona no puede dártela si tú no trabajas en ella. Si la relación no te hace feliz, puede que estés buscando en el lugar equivocado.
  • ‘Soy tuyo/a’ o nos pertenecemos: Las personas no somos propiedades, no necesitamos un dueño. Tener una actitud paternalista es peligroso porque es fuente de control, celos, chantajes y mal trato psicológico. Del respeto a la posesión hay un abismo.

La convivencia es algo complejo, pero con una base confianza y buena comunicación la satisfacción con la pareja mejora mucho. Si olvidamos la idea ser la ‘pareja perfecta’ y nos limitamos a caminar junto a una persona que nos gusta y nos aporta cosas positivas será una experiencia enriquecedora.

Si crees que no lo consigues, la terapia puede ayudarte a resolver tus dudas.

Uno de cada cinco

Al hilo de la anterior entrada sobre la depresión, quiero citar hoy el fantástico programa de ayer sobre el tema. Con el título de uno de cada cinco, Salvados de Jordi Évole, nos ofreció el testimonio de personas que por diversas circunstancias lidian cada día con la depresión. Hoy quiero que sean ellos los que en primera persona puedan acercaros a la realidad de este trastorno. Y la realidad es que a pesar de lo dura y destructiva  que resulta, es posible salir de la depresión.

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Aquí os dejo los enlaces a la web con algunos extractos de la conversación que mantuvieron. Espero que pueda ayudaros a comprender y desestigmatizar. Le pasa a uno de cada cinco.

Jordi Évole ha preguntado cómo definirían la depresión a los que la han sufrido y Georgina Giner asegura que es «como si te chupasen toda la energía y a partir de ahí tienes que vivir igual». «No era un estado anímico, a mí me provocaba un dolor físico, una opresión en el pecho que no te deja respirar bien», asegura Noelia Ortiz.

https://goo.gl/WJPY7n

Iván Ferreiro cuenta en Salvados cuando tocó fondo en su depresión: «Cuando me fui a divorciar, en unas Navidades. No podía ver a nadie a los ojos, no podía hablar con nadie». Asegura que «te das cuenta de que lo mejor que puedes hacer es no ir a ningún sitio. Te sientes desnudo y frágil, está todo el mundo comiendo y bebiendo y tú quieres explotar».

https://goo.gl/iVQgUE

Iván Ferreiro habla en Salvados sobre la relación que existe entre sufrir una depresión y la sociedad actual: «Es flipante, todos escondemos nuestras debilidades todo el rato». Además, Carmen destaca que «nos han vendido la idea de que tenemos que estar siempre felices, pero no pasa nada por tener un día de bajón».

https://goo.gl/YZw62Z

 

Cómo reconocer la depresión

Hoy trataré sobre un tema delicado que, por desgracia, sigue siendo un tabú en nuestra sociedad: la depresión. Aunque con frecuencia se nombra o se habla de ella incluso de forma ‘banal’ (la depre) se trata de un trastorno serio que resulta muy invalidante y empobrece la vida de los que lo padecen de forma arrasadora. Los datos afirman que un alto porcentaje de la población la ha padecido, padece o padecerá en diferentes grados o profundidades. Sin embargo, por norma general es una gran desconocida.

La depresión está considerada una enfermedad, como tal la diagnosticará un médico en un documento oficial. Sin embargo, pienso que es mejor tratarla como un trastorno, ya que ayuda a comprenderla mejor. No es algo que nos entra de repente, aunque las expresiones populares así lo expliquen (le dio depresión, cogió depresión…) No es como un virus que te entra de repente. No es un cubo de enfermedad que te cayó de un balcón. Es un proceso de degradación interna que va deteriorando el estado de ánimo hasta llegar a resultar invalidante. Las personas acaban sintiendo su vida emocional secuestrada, se quedan aislados en un mundo que no les dice nada.

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Depression by Joakim Agervald

La depresión tiene un motivo y un significado dentro de la historia de cada persona y es el resultado de esta misma historia. Entender qué nos ha llevado a ella es una clave importante para poder tratarla, dar nuevas pautas, significados y sentido a nuestra vida. Es el trabajo que hacemos en terapia. Es importante que si estás pasando por un episodio de este tipo sepas que no hay nada de ‘defectuoso o débil’ en padecer una depresión. En las circunstancias adecuadas todos somos susceptibles de caer en ella. Así que no dudes en pedir apoyo y ayuda. De la depresión se sale.

Quiero compartir aquí un video que la Organización Mundial de la Salud (OMS) preparó para divulgar información sobre la depresión como manera para ayudar tanto a enfermos como familiares:

¿Qué hago con mis problemas?

Había contratado un carpintero para ayudarme a reparar mi casa. Él acababa de finalizar su primer día de trabajo y se había encontrado con varios problemas y dificultades inesperados, por lo que estaba preocupado y de mal humor. Decidí acompañarlo a casa en coche. Durante el trayecto permaneció en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia y yo acepté.

Nos dirigíamos a su casa cuando se detuvo frente a un precioso olivo centenario. Antes de entrar, tocó el tronco con ambas manos, cerrando los ojos. Después, cuando atravesó la puerta de su casa, ocurrió una sorprendente transformación. Su bronceada cara sonreía plenamente. La energía había cambiado completamente. Después de la cena con su familia, me acompañó hasta el coche, así que pasamos nuevamente cerca del olivo. Sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo visto cuando entramos.

– Ese es mi árbol de los problemas – contestó. – Sé que no puedo evitar tener problemas durante el día, como hoy, pero no quiero traer estos problemas a mi casa. Así que, cuando llego aquí por la noche, cuelgo mis problemas en el árbol. Luego, por la mañana, cuando salgo de mi casa, los recojo otra vez. Lo curioso es – dijo sonriendo – que cuando salgo a recoger los problemas del árbol, ni remotamente encuentro tantos como los que recuerdo haber dejado la noche anterior.

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¿Y tú qué haces con tus problemas? ¿Permites que tomen el control de tu vida o eres tú quien los maneja? Cuesta colocar los problemas en un lugar de nuestra mente donde podamos retomarlos cuando tengamos la tranquilidad y la capacidad emocional necesarias para resolverlos. Sin embargo es importante aprender a hacerlo.

Cuando nos enfrentemos a ellos en el lugar y momento adecuados, no sólo podremos verlos de una manera distinta, más objetivamente, sino que podremos encontrar y aplicar una solución con mayor facilidad.

¿Puedes encontrar un ‘árbol’ para tus problemas?

¡No soporto verte brillar!

“Cuenta una fábula que una vez una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. Esta huía rápido, con miedo, de la feroz predadora, y la serpiente al mismo tiempo no desistía. Huyó un día, dos días y la seguía. Al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y le dijo a la serpiente:

– ¿Puedo hacerte tres preguntas?

-No acostumbro a dar este precedente a nadie… pero como te voy a devorar, puedes preguntar- contestó la serpiente.

-¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

-¡No! – contestó la serpiente.

-¿Yo te hice algún mal?

-¡No! – volvió a responder la serpiente.

-Entonces ¿por qué quieres acabar conmigo?

– ¡Porque no soporto verte brillar!”

A veces no sabemos reconocer con qué intención nos están enfrentando otras personas. Hay quienes pueden perder el sueño y un valioso tiempo en entender por qué alguien quiere perjudicarlas. Pueden culparse a sí mismas pensando que hacen algo mal, que de alguna forma han dañado a alguien y que esa persona les ataca por alguna razón. Después de darle mil vueltas no encuentran respuesta, porque no valoran que lo que sucede puede ser algo tan natural como la envidia. La envidia es un sentimiento humano sin control, como todos, y cualquier persona es susceptible de sentirla. El problema, como siempre, es no saber manejarla.

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Cuantas veces escuchamos eso de “envidia sana”, en un intento de dulcificarla, de quitarle hierro. Pero no nos engañemos, la envidia es envidia, ni sana ni insana. Enferma cuando gobierna nuestras acciones y nuestra vida. Y sobre todo cuando nos lleva a perjudicar a otros.

La envidia nos da un pellizco cuando algo que desearíamos para nosotros lo consigue otra persona. Y lo queremos, lo queremos conseguir. Así de primario y de sencillo. Podemos hacer dos cosas ante este hecho: aceptarlo y aprovecharlo para que nos impulse a luchar con más fuerza por lo que deseamos; o dejar que nos envenene y nos lleve a odiar a la persona que lo ha conseguido, juzgándola injustamente, en vez de pararnos a pensar qué hemos hecho nosotros para conseguir lo que ella tiene.

Las personas que sufren fuertemente la envidia necesitan trabajar más su autonomía y autoestima, la que nos permite juzgarnos constructivamente para conseguir fijar nuestra energía en el objetivo y no echar la culpa a los demás o a causas externas por no conseguirlo.

Disfruta de las alegrías sin miedo

La alegría, aunque es la más positiva de las emociones, puede resultar la más complicada. Normalmente pensamos que no depende de nosotros sino que es algo que sucede de forma casual o caprichosa. A veces puede darnos un poco de miedo porque pensamos perderla si la compartimos. Parece que muchas veces debemos mantenernos pesimistas para evitar que se nos escape, como un ritual supersticioso.

Aunque nos parezca injusto que nos pasen cosas ‘malas’ y a veces nos dé la sensación de que estamos en una montaña rusa, no podemos tener una vida con aprendizaje y sentido sin un equilibrio entre alegrías y penas. El balance de ambas cosas es el camino necesario para realizarse.

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Toda experiencia de ganancia supone una alegría para nuestro sistema emocional y debemos disfrutar de todos nuestros logros, incluso de los que nos parecen insignificantes. La alegría, al contrario de la tristeza o la rabia, no disminuye al compartirla sino que se multiplica. No hay alegría más triste que la aquella que no se puede compartir. Ser capaz de encontrar lo problemático es una gran virtud, pero saber valorar las cosas buenas de la vida no es menos importante. Ser verdaderamente consciente de ello es la llave de la felicidad:

LAS LLAVES DE LA FELICIDAD

En una oscura y oculta dimensión del Universo se encontraban reunidos todos los grandes dioses de la antigüedad dispuestos a gastarle una gran broma al ser humano. En realidad, era la broma más importante de la vida sobre la Tierra.

Para llevar a cabo la gran broma, determinaron cuál sería el lugar que a los seres humanos les costaría más llegar. Una vez averiguado, depositarían allí las llaves de la felicidad.

-Las esconderemos en las profundidades de los océanos -decía uno de ellos-.

-Ni hablar -advirtió otro-. El ser humano avanzará en sus ingenios científicos y será capaz de encontrarlas sin problema.

-Podríamos esconderlas en el más profundo de los volcanes -dijo otro de los presentes-.

-No -replicó otro-. Igual que sería capaz de dominar las aguas, también sería capaz de dominar el fuego y las montañas.

– ¿Y por qué no bajo las rocas más profundas y sólidas de la tierra? -dijo otro-.

-De ninguna manera -replicó un compañero-. No pasarán unos cuantos miles de años que el hombre podrá sondear los subsuelos y extraer todas las piedras y metales preciosos que desee.

– ¡Ya lo tengo! -dijo uno que hasta entonces no había dicho nada-. Esconderemos las llaves en las nubes más altas del cielo.

-Tonterías -replicó otro de los presentes-. Todos sabemos que los humanos no tardarán mucho en volar. Al poco tiempo encontrarían las llaves de la felicidad.

Un gran silencio se hizo en aquella reunión de dioses. Uno de los que destacaba por ser el más ingenioso, dijo con alegría y solemnidad:

-Esconderemos las llaves de la felicidad en un lugar en que el hombre, por más que busque, tardará mucho, mucho tiempo de suponer o imaginar…

– ¿Dónde?, ¿dónde?, ¿dónde? -preguntaban con insistencia y ansiosa curiosidad los que conocían la brillantez y lucidez de aquel dios-.

-El lugar del Universo que el hombre tardará más en mirar y en consecuencia tardará más en encontrar: en el interior de su corazón.

Todos estuvieron de acuerdo. Concluyó la reunión de dioses. Las llaves de la felicidad se esconderían dentro del corazón de cada hombre.

Conseguir calma: practicar la conciencia plena

‘La vida es lo que nos sucede mientras planeamos el futuro’ – J.Lennon

La conciencia plena (también conocida como mindfulness) consiste en la práctica de unas técnicas que permiten focalizarse en el presente, en el aquí y ahora, y alejarnos de los pensamientos y sentimientos que nos molestan o perturban. La base es realmente sencilla y casi tan antigua como el ser humano, ya que sus raíces se remontan a hace más de 5000 años: es el fundamento de la meditación.

Meditar, tomar esa conciencia plena, es permitir a nuestros pensamientos expresarse sin juzgarlos y sin influir en ellos. Muchas veces se confunde con intentar ‘no pensar en nada’, que es realmente complicado o casi imposible. Nuestra mente no está capacitada para actuar en negativo, para ‘no hacer nada’, así que debemos darle órdenes en positivo para que nos obedezca y nos permita hacer algo diferente. Se trata de descansar la mente dejándola fluir libremente ¿Es realmente posible?

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El objetivo es reducir el ruido mental que provoca a largo plazo el estrés, pero sobretodo estar en contacto con nosotros mismos. Además de mejorar la actividad de nuestro cerebro, permitirnos un momento para escucharnos y contactar con nuestro interior. Librarnos por un momento de nuestras expectativas y exigencias, dejar de machacarnos con el pasado y de preocuparnos por el futuro y ocuparnos del presente.

No olvidemos que la vida se construye cada día, y sólo tú sabes lo que necesitas, deseas y sueñas. Escucha tu interior y atrévete a contactar con tu voz en el silencio.

Los estudios neurológicos demuestran que la práctica de unas sencillas técnicas de focalización nos entrena para poder conseguirlo. Si lo ves complicado o te gustaría entrenarte en su práctica, no dudes en consultar. Más allá de tratar un problema específico, puede mejorar tu calidad de vida.

‘La vida de Calabacín’ – Gestionar el ‘abandono’

El miedo al abandono es un hándicap para muchas personas a la hora de tener una relación sana. Aferrarse con angustia a otra persona es el síntoma principal, aunque esa persona ya no nos quiera o no nos aporte, incluso nos maltrate, no podemos considerar que se vaya de nuestra vida. Muchas personas no saben cuál es el motivo por el que viven sus relaciones personales con ansiedad ante la separación, ya sea temporal o definitiva. En muchos casos, se debe a dificultades en el apego en la infancia. El apego es un instinto básico de supervivencia que nos liga a otros seres humanos. Nuestros padres son en esencia los responsables de ayudarnos a gestionarlo y a interpretar las emociones que genera, pero nuestras experiencias vitales también marcan como viviremos nuestros sentimientos.

Miedo al abandono

Relacionado con este tema, hoy quiero hablaros de la película ‘La vida de Calabacín’. Con este nombre en apariencia tan inocente, la historia sobre una casa de acogida para niños con problemas familiares se cuela con mucho tacto en el corazón. Habla de cómo afrontar la soledad en todas sus crudas versiones. Lo que más me ha gustado de esta película es la manera directa y sin adornos de representar una realidad tan dura y sin embargo no recrearse en lo más oscuro. La vivencia del abandono de cada uno de los niños, sus estrategias de supervivencia que se activan desde tan pequeños, genera una conmovedora reflexión.

Una increíble manera de presentar la orfandad, una película tierna pero a la vez muy adulta sobre la exclusión y el abandono.  Es muy recomendable verla y dejarse contagiar por su ternura infantil y su sencillez narrativa. Así son las cosas, nada más.

Ser valiente es lo que cuesta…

Ser valiente no es no tener miedo. Es lanzarse, es atreverse. Es ver el miedo y reconocerlo. Saber su nombre, conocer su cara. Haberle tenido presente de día y también de noche sabiendo que no se va a ir a ninguna parte, hagas lo que hagas, digas lo que digas.

Ser valiente es gritar más alto, cerrar los ojos y sentir el vacío, entrar en contacto con la incerteza. Sentir que puedes morirte en ese justo instante, pero sobrevivir, como tantas otras veces.

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Ser valiente es dar un salto, saber que hay vacío habiendo calibrado la cantidad de agua, sabiendo que no hay nada que pueda llenar el aire que te separa del otro lado. Es rezar todo lo que te sabes y seguir pensando que te mueres.

Ser cobarde es creer que puedes vivir con ese miedo, que la certeza al otro lado está sobrevalorada, que algún día dejarás de tener miedo y entonces, sólo entonces, será el momento. Porque antes no se puede hacer nada al respecto más que tener miedo. Como si eso fuera el motivo, tener miedo. El miedo nunca es el motivo. El miedo es la excusa que nos separa de lo que queremos.

Si no quieres saltar, no saltes. Si es lo que quieres abrázate con tu miedo, duerme con él todas las noches, deja que maneje tu tiempo. Si realmente lo tienes claro, siéntalo a tu mesa y que viva de tus frustraciones. Y sigue diciéndote con certeza ‘es que tengo miedo’ como si fuera un hechizo contra la tristeza, esa que también es tuya pero que no dejas que pase de la puerta. Pero no intentes convencerme de que ese es tu motivo, mejor te espero al otro lado de la puerta.