¿La bella que cambió a la bestia?

Este bello cuento, puesto a la moda por su reciente adaptación, tiene muchas versiones y un origen remoto. Hay quien lo traslada incluso a la fábula de ‘Amor y psique’ de los griegos, y pasa por muchas versiones en Europa hasta la más actual, la versión francesa. En resumen es la historia de una bella y buena chica que termina con una bestia que en realidad es un príncipe, y como es habitual, viven felices para siempre. Ella descubre la verdadera belleza que esconde en su alma el horrendo ser, y por eso se rompe el encantamiento. Por lo tanto, transmite aquel gran valor de ‘no hay mayor verdad, la belleza está en el interior’.

La belleza real está en el interior, sí. Hasta aquí nada que decir. Pero si tienes que excavar para encontrarla, puede que no estés buscando en el lugar correcto. A veces merece la pena quedarse con una pareja que ya venga príncipe de casa ¿O es que valoras que ese esfuerzo es lo hace más valioso? El amor lleva un trabajo de negociación y de acople entre las personas, pero no tiene por qué ser doloroso, opresivo o costoso. El amor de verdad fluye, no hay que forzarlo.

bella y bestia

Los cuentos de hadas, sobretodo los dulcificados por factorías cinematográficas, pueden ser en apariencia inocentes y moralizadoras. Pero a menudo tienen mensajes subliminales sobre valores sociales un tanto anticuados. La bella y la bestia, por ejemplo, tiene un trasfondo que puede que nuestra mente consciente no reconozca: el amor de una mujer convierte a las bestias en príncipes. Cuidado con lo que queremos creernos.

Los cuentos son potentes herramientas de educación para los niños. Muy importantes en su desarrollo emocional y en el aprendizaje social. Incluso continúan emocionándonos de mayores. Pero jamás perdamos el sentido crítico como adultos y acompañemos a los niños en su interpretación de los mitos. Si queremos una sociedad más igualitaria y reducir las relaciones de abuso, hay que empezar en la infancia. Leámoslo todo, pero leámoslo con los ‘ojos abiertos’.

¿Y si no me funciona la terapia?

¿Por qué a veces no conseguimos la deseada ‘cura’? A menudo intentamos hacer terapia para solucionar un problema y pensamos que no está funcionando como debería o no nos está ayudando en la medida que nos gustaría.

Cada terapia es diferente, por lo que analizar los motivos pude no amoldarse a todos los casos. Pero sí sabemos que muchas veces las personas creen que será sencillo y no tendrán que esforzarse, o tienen limitados los recursos que piensan usar y pueden resistirse al cambio. En algunos casos, puede que el diagnóstico no esté ajustado. El caso es que sabemos que algunas personas abandonan el tratamiento sin obtener mejorías que les resulten suficientes.

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Antes de abandonar la idea de hacer terapia, hay algunos puntos que vale la pena considerar sobre el proceso que hemos vivido y quizá pensar en buscar otro profesional.

– Adecuados recursos psicológicos: ¿sientes que has entrenado aquellas partes de ti que necesitaba el tratamiento? Puede que la ‘solución’ aportada sea correcta, pero necesitemos que el terapeuta nos ayude a buscar el puente entre lo que nos convendría hacer y lo que sabemos hacer. Podemos hacérselo explícito – quiero pero no sé.

– Implicación y esfuerzo del paciente: la psicología no es una terapia pasiva, con la implicación del terapeuta y su trabajo no es suficiente ¿Nos podemos plantear si hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos? ¿Hemos seguido el hilo de lo que el terapeuta nos ha ido aconsejando? Puede que las sugerencias requieran de tiempo y de replantearse ideas largamente arraigadas ¿Tenemos motivación suficiente para cambiar?

– Entorno favorecedor del problema: si estamos rodeados de personas que mantienen nuestras conductas problema (por ejemplo beber alcohol en exceso) o nuestras ideas (por ejemplo ‘la vida es dura y no se puede hacer nada’) quizá nos resulte mucho más difícil implicarnos en nuestro proceso y cambiar.

– Falta de feeling en la relación terapéutica: puede no ser un problema del profesional ni del paciente, a veces la comunicación no fluye o hay falta de entendimiento. Puede que como paciente no desarrollemos la confianza necesaria para hacer un buen proceso.

¿Has sentido algunas de estas cosas? Merece la pena que lo consideres y pruebes con otro profesional. Hay diversos tipos de terapia y de terapeutas, puedes encontrar alguna que se ajuste mejor a ti.

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Aquí las cosas siempre se han hecho así

En un experimento se metieron cinco monos en una habitación. En el centro ubicaron una escalera, y en lo alto unos plátanos. Cuando uno de los monos subía por la escalera para coger un plátano, los experimentadores rociaban al resto de monos con un chorro de agua fría. Al cabo de un tiempo, los monos asimilaron la conexión entre el uso de la escalera y el chorro de agua fría, de modo que cuando uno de ellos se subía en busca de un plátano, el resto de monos le golpeaban con saña. Al final, e incluso teniendo los plátanos, ningún mono se atrevía a subir por la escalera.

En ese momento, los experimentadores extrajeron uno de los cinco monos iniciales e introdujeron uno nuevo en el grupo. Lógicamente el mono nuevo trepó por la escalera en busca de los plátanos. En cuanto los demás observaron sus intenciones, se abalanzaron sobre él y lo bajaron a golpes antes de que el chorro de agua fría cayera sobre ellos. Después de repetirse la experiencia varias veces, al final el nuevo mono comprendió que era mejor para su seguridad renunciar a los plátanos.

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Los experimentadores sustituyeron otra vez a uno de los monos del grupo inicial. El primer mono sustituido participó con entusiasmo en las palizas al nuevo mono trepador. Posteriormente se repitió el proceso con el tercer, cuarto y quinto mono, hasta que llegó un momento en que todos los monos del experimento inicial habían sido sustituidos.

En ese momento, los experimentadores se encontraron con algo sorprendente. Ninguno de los monos que había en la habitación había recibido nunca el chorro de agua fría. Sin embargo, ninguno se atrevía a trepar para hacerse con los plátanos. Si hubieran podido preguntar a los primates por qué no subían para alcanzar el alimento, probablemente la respuesta hubiera sido esta: “No lo sé. Esto siempre ha sido así”.

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Muchas veces no logramos encontrar la solución o el camino adecuado para nosotros porque nos limitamos en las opciones por lo que otros dicen. Cuando nos ‘educan’ nos transmiten una serie de limitaciones que muchas veces no pasan por la lógica ni por la razón. Sólo por el miedo que otros tuvieron por algo que intentaron y no les salió bien. Ahí se genera una resistencia al cambio que limita y frustra sin un motivo objetivo, real. Pero ahora es otro momento, eres otra persona y tienes otros recursos ¿te vas a conformar porque siempre se ha hecho así?

El amor no siempre es romántico

“Con lo buena que soy, todo lo que he hecho por él y lo bien que me he portado ¿no podía enamorarse?” Y la pregunta no era retórica, realmente quería saber por qué. No lo sé, nadie lo sabe. Es curioso que haya personas suficientemente ‘románticas’ como para creer que el amor lo puede todo y no entiendan que no comprende de normas. Los sentimientos claro que surgen de experiencias compartidas, pero la primera llama que enciende la emoción no es lógica o racional. En el caso del enamoramiento es prácticamente química.

Cuando alguien se hace este tipo de preguntas, si tiene un problema con las relaciones, tiene un problema consigo mismo ¿Para qué tanto dolor? Una autoestima firme sabe cuándo ya ha sido suficiente, cuando la inversión merece o no la pena. No te quiere, posiblemente se lo pierda, es su elección. Pregúntate por qué has hecho tú la tuya ¿Por qué le quieres?

Ruptura pareja

– ¿Diferencias la humillación del altruismo?

– ¿Reconoces lo que te mereces y lo que no te mereces?

– ¿Quieres competir o compartir? ¿La relación es un reto?

Una parte muy importante de saber si tienes relaciones sanas es saber si te están haciendo crecer o empequeñecerte. Cuando estar con alguien (en las formas diversas que esto puede ser) te produce ansiedad, obsesión, celos, crisis de tristeza, accesos de ira y angustia quizá necesites reformular el significado del amor en tu diccionario. Sería adecuado que pusiera algo como esto:

Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos complementa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

Libertad amor

Esto dice el diccionario. Todo lo demás está basado en una creencia bastante extendida desde el Romanticismo (S.XVIII). En su época, cuanto más imposible y desdichado era un amor, mejor. La gente tenía otras costumbres y normas sociales. Pero estamos en el XXI y el amor es libre. Si no te hace sentir libre, lo siento, pero no es amor.

¿Cuánto te importa lo que digan los demás?

Un discípulo llegó muy agitado a la presencia de Sócrates y empezó a hablar de esta manera:

– ¡Maestro! Quiero contarte que un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia. -Sócrates lo interrumpió diciendo:

– ¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de los Tres Filtros lo que me vas a decir?

– ¿Los Tres Filtros? No los conozco.

– El primer filtro es la VERDAD -replicó Sócrates- ¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?

– No lo sé. Lo oí decir.

– Lo habrás hecho pasar al menos por el segundo filtro, que es la BONDAD: ¿lo que me quieres decir es por lo menos bueno?

– No, en realidad es algo malo.

– ¡Ah! – interrumpió Sócrates. – Entonces vamos al último filtro ¿Es NECESARIO que me cuentes eso?

– Para ser sincero, necesario no es.

– Entonces – sonrió el sabio – si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido…
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La clásica historia de los tres filtros vale para cualquier cosa que vayamos a decir, pero también para cualquier cosa que escuchemos. Entramos en círculos viciosos de información turbia dónde la verdad puede ser escasa, y sufrimos sin necesidad por ello. Podemos tener experiencias dolorosas o conflictivas en la vida y ese sufrimiento puede ser útil. Pero a veces alimentamos un malestar que puede quitarnos el sueño, y hasta la salud, sin valorar realmente si ha pasado uno de los filtros si quiera.

Una manera de conseguir ser mucho más feliz es liberarse de la necesidad de saber en todo momento lo que los demás opinan sobre nosotros, sobretodo porque es probable que no lo hayan ‘filtrado’. Cuando alguien nos hace un comentario negativo, es muy útil preguntarse ‘¿para qué me dice esto?’, es decir, cuestionarse la utilidad de ese comentario para la persona que lo dice. Puede que el contenido te hiera, pero si eres capaz de comprender la intención del atacante, puede que sea más relativo. Ya sabes ¿es verídico, bueno y necesario algo de lo que me ha dicho? Si no lo es, entonces no merece un segundo de nuestro tiempo.

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Las personas que se sienten heridas con frecuencia suelen ser más inseguras sobre sus pensamientos o aspecto, por lo que sobrevaloran la opinión ajena. Al fin y al cabo, una opinión no es más que eso, una posibilidad. Y si no pasa los filtros puede que ni eso. Hay un dicho popular que dice “las opiniones son como los ombligos, todos tenemos uno y no sirve de gran cosa.’

Así que si tienes que preocuparte de una opinión, preocúpate por la tuya. Preocúpate de que esté bien formada y sea autónoma y significativa. Y sobretodo, que está bien ‘filtrada’.

¿Puede que esté sufriendo maltrato?

Sucede poco a poco. Apenas puedes darte cuenta de que está sucediendo, pero cuando lo haces te parece que ya no hay nada que hacer. Incluso ha quedado la primera idea que tenías sobre él/ella en una neblina de la memoria. Sabes que en algún momento la relación fue diferente, pero no sabes por qué ahora no eres feliz, te sientes incómodo, puede que culpable ¿Qué te está sucediendo? Una de las opciones es que te encuentres en una relación de maltrato psicológico. Frecuentemente se habla de este mal-trato en las relaciones de pareja, pero puede darse en cualquier otra relación personal: entre familiares, amigos, colegas de profesión, etc.

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¿Cómo puedo reconocerlo? En cada caso, las situaciones, las palabras usadas y los tiempos serán diferentes, pero algunas de las señales de alarma que puedes empezar a observar serían estas:

  • La persona reacciona negativamente ante tus ideas, mostrando un firme desacuerdo que roza la intolerancia y puede que sientas que te falta al respeto. Sólo hay dos formas de ver las cosas: son malas o buenas (las suyas) Puede ser sutil y sin insultos, pero no da opción a que tu idea o pensamiento pueda ser cierto o legítimo.
  • Al principio no te parecía que fuera así, al contrario, era encantadora, incluso muy seductora y atractiva. Por eso empiezas a pensar qué has podido hacer para que cambie (pista: puede que no hayas sido tú, sino que aún no había mostrado esa cara) Facilitan que te sientas culpable y te chantajean emocionalmente. El manipulador espera a que le tengas confianza.
  • Pueden parecer ordenados y de ideas claras, pero sólo desde su punto de vista. Si no les obedeces o les contradices montan en cólera, te castigan con su indiferencia/silencio o te la devuelven con comentarios o comportamientos hirientes.
  • No son autocríticos pero sí muy críticos con los demás. Para tener razón pueden llegar a machacarte y hacerte sentir débil. Si no se salen con la suya, su humor cambia rápidamente y te echan la culpa, ofendiéndose con facilidad.
  • Son personas con baja inteligencia emocional, no tiene demasiada capacidad empática y por lo tanto no se detienen ante el sufrimiento del otro. Pueden mentir y hacer falsas promesas sin arrepentirse, y como no reflexionan a nivel emocional, son impulsivas y desconsideradas.

Las personas que maltratan son en realidad muy inseguras y llenas de resentimiento y sentimiento de inferioridad. Dependiendo de su historia, que puede haber sido muy dura, sus rasgos de carácter pueden ser más o menos claros. Necesitan pagar sus frustraciones con los otros, pero está claro que eso no les da derecho a someter a los demás. Son personas que conviene alejar de nuestra vida, o en todo caso, destaparlas, ya que nunca nos dejarán crecer. Intentar salvarlas y dejarlas hacer no les ayuda, y lo que es peor, así jamás cambiarán.

Y el tóxico era yo…

Se siente insatisfacción. Las relaciones no son como se espera o se desea, las relaciones personales son difíciles y poco satisfactorias. Se nota sobre todo entre las personas del entorno, en ellas es en las que más notamos que algo no anda bien. Puede que empecemos a buscar, a preguntarnos que les pasa, a darle vueltas a sus respuestas, a su comportamiento. Pero no podemos salir de ahí, no comprendemos que les pasa.

El término personas tóxicas se usa para describir a aquellas que nos restan y no nos suman, nos producen dolor o quebraderos de cabeza y muy pocas alegrías. Estar a su lado nos hace estar tensos, inhibirnos o sentir temor (a veces sin ser conscientes), no ser claros, no mostrarnos como somos. Otras tienen la ‘virtud’ de hacernos sentir frustrados y pequeños. Sea como sea, es difícil estar a su lado, nuestro cuerpo les nota y les repele sin querer…

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Un momento para la autocrítica, para la reflexión. Conectemos con las emociones y no con los pensamientos (puede resultar difícil, no estamos acostumbrados), pero hay que hacer una visión interior cuando el comportamiento de los demás está afectándonos, haciéndonos daño, nos extraña. Si notamos que se alejan de nosotros, si no nos discuten aunque notemos que no son del todo auténticos, cuando sospechamos que no nos dicen toda la verdad o nos mienten, cuando vemos que alguna persona cercana hace cosas que nos indican que nos tiene miedo de alguna forma, puede que su respuesta sea reactiva a nuestra forma de tratarles.

¿Estoy intentando controlar el comportamiento de alguien? ¿Me molesta que no haga o piense lo que yo creo? ¿Estoy acaparando su atención? ¿Le exijo una lealtad casi medieval? ¿Le conozco y acepto sin juzgarle o aconsejarle sin que me lo pida? ¿Soy muy crítico con su comportamiento? Y  larga una lista más. El quid de la cuestión es plantearme si yo estoy dando salud a los demás para poder recibirla. Porque podemos tener mala suerte y caer en ambientes tóxicos pero, a veces, puede que el tóxico sea yo.

Se escapa de mi control

No puedo relajarme porque no lo puedo controlar. Si pudiera tomar las riendas de lo que sucede, me podría relajar y no estar estresado.

Casos frecuentes por los que las personas entran en crisis. Pues resulta que es justamente al revés. Cuanto más intentes controlar, más angustia y miedo al descontrol desarrollarás. Intentar controlarlo todo, ser perfeccionista, tener una planificación muy rígida, nos hace personas muy críticas con los demás y con nosotros mismos. Ese miedo a perder el control genera un malestar en nuestra mente que no nos permite evaluar las situaciones de forma verdaderamente objetiva y tomar decisiones adecuadas para nuestro bienestar.

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Aunque en un primer momento no lo podamos ver, todos los acontecimientos de nuestra vida tienen una relación y un orden consecuente. Muchas veces, sólo vemos una avalancha de sucesos que pueden parecer injustos e incoherentes cayéndonos encima. Las emociones se desbocan y puede costar incluso reconocer que se siente. En muchos casos, el indicativo más claro de este ‘desorden’ es la ansiedad. Cuando una persona empieza a tener ataques de pánico o angustia localizados y críticos, se para y necesita reposar y hacer algo para deshacerse de esta desagradable sensación. Y esa es exactamente su función: darnos un parón.

Cuando se entra en estos círculos viciosos, la decisión de buscar ayuda profesional puede aliviarnos y ayudarnos a hacer un zoom para coger perspectiva. No es necesario llegar a un malestar insoportable para pedir ayuda. Cuando se presente el ‘atasco’ será más fácil de resolver que cuando se cronifique.

Todo está en tu cabeza

Sé que es una frase que de entrada puede parecer chocante por negativa, pero hoy quiero defender a todas aquellas personas que no pueden defender su malestar con una prueba médica diagnóstica. Hace unos días aparecía en páginas de información la noticia de que finalmente intentarán implantar la figura del psicólogo clínico en la atención primaria.

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Nunca es tarde si la dicha es buena. Parece ser que se han dado cuenta de que no tratar a personas que padecen dolencias psicológicas supone un sobrecoste a la sanidad pública. Hemos de tener en cuenta que somos uno de los países de la UE que más psicofármacos consume, con todo lo que eso implica.

En ningún momento quiero decir que los psicofármacos no sean seguros y eficaces para el tratamiento de las dolencias psicológicas, pero a menudo no son una solución profunda y duradera. Pueden aliviar síntomas y mejorar el funcionamiento cerebral, ser un alivio. Pero si no trabajamos nuestra mente, que va más allá del cerebro, no podremos eliminar la verdadera causa del malestar. Varios estudios científicos demuestran que la terapia psicológica combinada con un buen tratamiento psiquiátrico, llevado por un especialista, son un tándem perfecto. Incluso está reconocido que una terapia psicológica puede ayudar por sí misma al tratamiento de dolencias tan comunes como la ansiedad y la depresión.

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Por esto y por muchos motivos más, quiero decirte: sí, está en tu cabeza, pero eso no significa que no duela como un hueso roto o que no te imposibilite vivir como una fiebre alta. Puede que sea tu mente la que te lleva a sufrir, pero no significa que no sea real. Para eso estamos los psicoterapeutas, para ayudar a aliviar el sufrimiento de la mente igual que otros especialistas alivian los del cuerpo. Si trabajamos en equipo, el resultado es mucho mejor, de mayor calidad y duradero.

“La locura no es más que ser uno mismo, pero amplificado” dice Susanna en la película Inocencia interrumpida (James Mangold) A veces no hay que estar loco al uso, como dicen en la calle, para necesitar ayuda y desenmarañar nuestra madeja mental. Cualquiera pasa una crisis que ‘está en su cabeza’ ¿Dónde sino?

Burnout – el trabajo me quema

Una persona puede sospechar que está desarrollando el síndrome de burnout cuando su calidad de vida se ve afectada en su ámbito personal por causas profesionales. El primer efecto es el de desarrollar estrés crónico por causa de las características propias de su trabajo. Algunas de sus causas son la dificultad en las relaciones profesionales (con jefes, encargados, compañeros, etc.) la sobrecarga de tareas, sentimientos de miedo relacionados a la pérdida del empleo o el empeoramiento de las condiciones y la falta de realización personal a través del trabajo. Las personas que lo padecen pueden tener síntomas como:

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– Dolores musculares y de cabeza. Incluso dolores difusos e itinerantes.

– Falta de concentración y de memoria. Supone tardar más de lo necesario en hacer una tarea y puede que con peor calidad de la que realmente se es capaz.

– Falta o exceso de apetito. Depende de la persona puede perderse el gusto por la comida o en cambio buscarla como un consuelo del malestar o la angustia.

– Fatiga. Sensación de falta de energía y cansancio físico. Todo puede hacerse un mundo.

– Pérdida de iniciativa. Dificultad para establecer metas y hacer planes.

– Alteraciones del humor. Facilidad para ponerse de ‘mal humor’ o estar irritable.

– Problemas de sueño. Dificultad para conciliar el sueño o que no sea de calidad reparadora.

Cuando una persona ha llegado a desarrollar estos síntomas psicológicos, suele tener ya los efectos físicos del exceso de oxitocina. La oxitocina es una hormona que en exceso puede resultar tóxica y causar problemas en el sistema cardiovascular (subida de la presión arterial), en el sistema inmunológico (resfriados, gastroenteritis, migrañas frecuentes o incluso enfermedades autoinmunes) y el digestivo (gastritis y diarreas)

Una vez nos damos cuenta de que podemos estar afectados por el  burnout, es necesario poner remedio lo antes posible. Te dejo algunos consejos que pueden serte útiles para tomar conciencia:

– Eres dueño de tu tiempo, organiza tú mismo tu horario y recuerda añadir tus necesidades personales.

– Delega y establece límites. Pedir ayuda no es de débiles, es de responsables.

– Aprende a priorizar y racionalizar el tiempo. No eres una máquina y el día tiene un número de horas limitado.

– No te hagas propios los problemas ajenos. Ayuda cuando puedas, no lo tomes como una tarea más.

– Para y organiza tus vacaciones y descansos. Si no repones pilas, tarde o temprano lo pagas.

– Busca tiempo para estar al aire libre y en contacto con tus amistades y familia. Relativizar las cuestiones laborales es muy útil para la salud mental. Distraerse despeja la mente para buscar soluciones más adelante.